viernes, 22 de septiembre de 2023
El papel pintado amarillo, Charlotte Perkins Gilman
lunes, 1 de noviembre de 2021
Leyendo a Enrique Vila-Matas
Fue leyendo Marienbad eléctrico de Enrique Vila-Matas como descubrí un libro de Alain Robbe-Grillet, Por qué me gusta Barthes. Un libro que Vila-Matas adora por su rareza, esa rareza que consiste en explicar por qué se admira a otro: frente a los que prefieren increpar o despreciar las obras de sus colegas. En el prefacio Olivier Corpet cuenta que Robbe-Grillet distinguía entre relaciones <<turbias, sospechosas>> y <<relaciones de novelista a novelista>> o <<relaciones amorosas>>. Imagino que esa relación entre Robbe-Grillet y Barthes que tanto adora Vila-Matas la habrá asociado a su relación con Dominique Gonzalez-Foerster.
Dominique Gonzalez-Foerster
Fue leyendo Marienbad eléctrico de Enrique Vila-Matas como descubrí a la
artista Dominique Gonzalez-Foerster, y a través de ella al director de cine
Tsai Ming-liang. La artista, fascinada por la secuencia final de la película Viva el amor, marchó a Taipéi (Taiwan)
en busca del parque donde transcurría
esa escena para pasear también ella con su cámara en mano, como hizo Ming-liang
en 1994, con el fin de tratar de responder a por qué esa escena y no otra
despertó su deseo de hacer videos. No sé
la respuesta, pero si vi en Dominique ese gesto del que hablábamos más arriba,
ligado a esa relaciones nada sospechosas y que tienen que ver más con las
relaciones amorosas. De alguna manera en su video está implícito su admiración
por Ming-liang.
Busco sin éxito esa película, Viva el amor, no doy con ella en ninguna plataforma. Voy limitando la búsqueda hasta dar, al menos, con la escena con la que termina el film, esa escena que desencadenó el deseo de hacer películas en Dominique. Y la encuentro. Play: aparece una mujer caminando por una zona en construcción, el mismo parque por el que caminará Dominque cinco años después de ese rodaje. Escuchamos el sonido de sus tacones sobre el asfalto, unos pájaros, el claxon de los coches. Apenas hay nadie además de ella. Solitarios paseando, alguno corriendo. Hasta que llega a un auditorio al aire libre en el que hay muchos bancos. Vemos sentado a un hombre canoso, leyendo el periódico. La joven se sienta unos cuantos bancos detrás y empieza a llorar. Vemos su rostro, cubierto por la larga melena rizada agitada por el viento. No para de llorar.
Viendo esas lágrimas resbalar recuerdo que en la entrevista en la que he podido escuchar a Ming-liang dice que tiene una relación muy especial con el agua. Somos como una planta. La uso de una manera consciente en la medida de que está siempre presente en nuestra vida. En Taiwan lo está. La relación del agua con las lágrimas y con el deseo es importante.
La actriz mira no sabemos si al escenario que tiene
enfrente, recordemos que estamos en un auditorio, o hacia dentro, hacia eso que trata de salir, quizá si hubiese visto la película entera…
pero qué importa. Van amainando el llanto y el viento. Se quita con la mano el
cabello de la cara. Retira las lágrimas. Quizá llorar en público tiene algo que
lo emparenta con leer rodeada: como si
construyésemos con esos dos actos un iglú que nos aislase de los otros. Aunque
también leemos con otros y lloramos con ellos. Definitivamente: leer y llorar
siempre remite a un otro por muy distanciados que en ese momento parezcamos estar.
Pienso en el llanto, o en determinado llanto,
como una mezcla de aburrimiento y sueño como los entendía Walter Benjamin. El
aburrimiento decía Benjamin es el
momento máximo de relajación espiritual, mientras que el sueño el momento
máximo de relajación corporal. Y no nos sentimos después de llorar ¿doblemente
relajados? Sí, así lo pienso ahora, como si lo anímico y lo corporal pudiesen, al
menos por un rato, descansar. Y quizá entonces es posible la escucha. Como si al
liberarnos de esa emoción quedara un lugar desde el que poder escucharnos.
A Ming-liang no le importa detenerse
en ese momento. La mujer frente al escenario, nosotros frente a ella durante
nueve minutos y once segundos que dura la escena. El director nos regala un
tiempo que está más allá del tic tac de un reloj, el mismo tiempo que la mujer se
está concediendo. Me gustan esos directores tan generosos con los espectadores.
Se suena la nariz con un pañuelo de papel. Por
fin vemos su cara totalmente despejada en el momento en el que enciende un cigarro.
Dominique Gonzalez-Foerster viendo
esa escena quiso ponerse en marcha y grabar su plano en Taipéi, y curiosamente,
lo grabó en un día de mucha lluvia, su plano de Taipéi empapado; me pregunto si
lo habrá visto Tsai Ming-liang, una secuencia que podría yuxtaponerse a la suya,
esta vez bien cubierta de lluvia. Las lágrimas de ella se mezclarían con las
que caen del cielo de Taipéi (sé que también han pensado en Blade Runner).
Vila-Matas dice que Georges Perec explica en Espacio de espacios, que cada detalle de un lugar en el que fijemos
nuestra atención es ya una narrativa en miniatura. Quizá Dominique vio en
esa película su propia narrativa en miniatura. Dominique no dejó escapar esa
escena del parque de Taipéi, y decidió situarse en el lugar “real” que vio por
primera vez a través del cine. A través de una película decidió
filmar la suya.
Viva el amor (1994), Tsai Ming-liang
Dominique González-Foerster dice: yo escribo como puedo en el espacio.
Tsai Ming-liang en la entrevista que
vi: los espacios son muy importantes, son
espacios que tienen una carga emocional para mí. No elijo lugares turísticos.
Les doy importancia porque nos ayudan a poder sacar lo que lleva un personaje
dentro. Es otro personaje. Los analizo mucho. Vuelvo a ellos.
Como vuelven cada cierto tiempo Enrique
Vila-Matas y Dominique Gonzalez-Foerster al café Bonaparte de París, lugar
donde comparten la alegría imparable de
su intercambio de ideas sin inhibiciones. A los dos les gusta también
dialogar con los autores que leen y con todo aquello que en algún momento puede hacer saltar la chispa
artística. Disfruté mucho de Marienbad
eléctrico. Aunque ha sido después, cuando he leído Por qué me gusta Barthes, y cuando he seguido
los pasos de Dominique siguiendo los de Ming-liang que me he acercado más al
libro de Vila-Matas.
Una amiga me
envía una fotografía del banco que me gusta fotografiar. También compartimos esa alegría
imparable de intercambio de ideas sin inhibiciones. Vila-Matas fue a
Marienbad –donde transcurre una de sus películas favoritas, El año pasado en Marienbad, de Alain
Resnais– para sentir lo que Dominique Gonzalez-Foerster siente cuando trata de
transformar un espacio que parece condenado a no cambiar nunca; Dominique
Gonzalez-Foerster fue a Taipéi y lo transformó.
Y hasta aquí, supongo, un por qué me gusta Enrique Vila-Matas.
Patricia L.D.
martes, 22 de septiembre de 2020
La vida simple, Sylvain Tesson
Sylvain Tesson (París, 1972), escritor y viajero,
decidió realizar un viaje que a diferencia de los anteriores le
obligase a quedarse largo tiempo en un mismo lugar. Para ello eligió una cabaña
al norte de la reserva natural de Baikal-Lena, en el sur de Siberia. Duración:
Seis meses. Cada mes da lugar a un capítulo: Febrero-el bosque. Marzo-el tiempo.
Abril-el lago. Mayo-los animales. Junio-los llantos. Julio-la paz. Seis meses
en los que irá anotando en el diario su experiencia allí. Como sabía ya antes de
marcharse que iba a pasar mucho tiempo en la cabaña y que habría momentos de
vacío, se equipó de un buen surtido de textos, p.26: cuando uno desconfía de la pobreza de su vida interior, hay que llevar
buenos libros: con ellos siempre se podrá llenar el vacío. La lectura de esos libros dará lugar a
reflexiones que se mezclarán con lo que él vive en ese entorno. Aparte de su
adorado Walt Whitman, y un sinfín de escritores, están algunas guías naturalistas que le
servirán para aprender los nombres de pájaros, plantas e insectos y así, al
nombrarlos, de algún modo dar las gracias a todo lo que le acoge durante ese
tiempo. Nombrar a cada ser que le recibe como muestra de cortesía. En
este bosque aprenderá a disfrutar, gracias a la soledad y del tiempo del
que dispone, del goce de las cosas. Lo que no sé si para descubrir esto es
necesario marcharse a un lugar lejano y con ciertas condiciones un tanto
extremas: como esas bajas temperaturas que sobrelleva con una estufa de hierro
bien alimentada de leña, y el suplemento para el cuerpo de sorbos de té y litros de vodka. Eso sí, el escenario es más llamativo
por diferente.
Su objetivo: Simplificar la vida. Sobriedad.
Dejar todas las demandas de la ciudad aparcadas, olvidarse del resto del mundo
y dedicarse a la contemplación y a las actividades esenciales como tener calor,
comida y bebida. Sylvain Tesson ni es el primero ni será el último, sólo otra
variación del personaje cansado de todo que decide retirarse, y demostrarse que
es posible vivir de otra manera. P.36: Leer,
sacar agua, cortar leña, escribir y servirse té se vuelven liturgias. P.40:
El lujo del ermitaño es la belleza. Su
mirada, dondequiera que la pose, descubre un esplendor absoluto.
La figura que cree encarnar Sylvain es la
del ermitaño, que se mantiene aparte, en un amable rechazo. Se parece al convidado
que, con un gesto suave, rechaza un plato. Si la sociedad desapareciera, el
ermitaño proseguiría su vida de ermitaño. El ermitaño no se opone, se casa con
un modo de vida. No denuncia una mentira, busca una verdad. Es físicamente
inofensivo y se lo tolera como si perteneciera a un orden intermedio, una casta
media entre el bárbaro y el civilizado,
pp.126-127. A diferencia de un místico que trata de desaparecer, el
ermitaño lo que quiere es reconciliarse con el mundo. Regresar a una vida más
sencilla, sin el constante flujo de estímulos que tiene en la ciudad y que al
ser absorbido por ellos le impiden el
goce de lo simple. P.40: La cabaña es un laboratorio. Un alambique
donde precipitar los deseos de libertad, de silencio y soledad. Un campo
experimental donde inventarse una vida a marcha lenta. Los animales, el
viento, el sol, las tormentas, las relaciones con unas pocas personas en las
que no es obligatorio estar diciendo algo constantemente…
Sylvain Tesson, será un ermitaño durante
seis meses, apartado de la sociedad en la que vive, para luego volver a ella y publicar
su experiencia, que consiste en contrastar lo que allí ha vivido con lo que se
vive en la urbe. Un tiempo lento frente a un tiempo frenético. Un mundo que te
exige contestar a todas sus llamadas y preguntas frente a otro en el que predomina el silencio sin apenas interlocutores. Un
borrarse temporal para luego hacerse otra vez visible. ¿Contradicciones?: lo valiente sería mirar las cosas a la
cara: mi vida, mi época y lo demás. La nostalgia, la melancolía, la ensoñación
dan a las almas románticas la ilusión de una huida virtuosa. Pasan por medios
estéticos de resistencia a la fealdad, pero no son más que la máscara de la
cobardía. ¿Qué soy? Un cobarde, abrumado por el mundo, recluido en una cabaña
en el fondo de los bosques. Un poltrón que se alcoholiza en silencio por no
atreverse a asistir al espectáculo de su época ni visitar su conciencia caminando
por la playa. P.153
Ya casi al final, p.226: es
bueno saber que en un bosque del mundo, allá lejos, hay una cabaña donde algo
es posible, situada no muy lejos de la dicha de vivir, y recuerdo El libro de la
almohada, de Sei Shonagon, un diario en el que esta escritora japonesa del
siglo X iba anotando las pequeñas cosas de la vida, esas que suelen pasar
desapercibidas hasta que las encontramos
atendidas por alguien que sí tuvo la delicadeza necesaria para apreciarlas, y a
las que supo darle palabras. Pienso también en muchos gestos, en muchas
personas con las que afortunadamente nos encontramos día tras día en las calles
por las que transitamos: quiero creer que LO POSIBLE ESTÁ AHÍ. Que por mucho
que nos apetezca en algunos momentos escapar, mejor que nuestra mirada no quede
recluida en ninguna cabaña remota; que sepa encontrar esa dicha de vivir, aquí
y ahora y entre todos. Por lo menos hay que seguir intentándolo.
Patricia L.D.
sábado, 7 de febrero de 2015
Visión de Nueva York, de Carmen Martín Gaite.
Carmen Martín Gaite empezó este cuaderno como un homenaje a su amigo Nacho (que desde hacía años le insistía para que fuera a Nueva York) y como un homenaje a Edward Hopper: gracias a una exposición retrospectiva a la que pudo asistir, contempló la obra del pintor, saliendo entusiasmada. Dentro del cuaderno encontramos palabras y un collage dedicado a él: Él no fue un pintor "social" o un "intelectual", afortunadamente estuvo libre de "ideas". Lo que le atrajo en el curso de su larga vida y de su difícil profesión fueron ciertos temas que se repiten: personajes solitarios en habitaciones desnudas, restaurantes, teatros; puentes y azoteas deshabitados (...).
Tengo la edición de tapa dura, regalo que me hizo mi madre hace unos años, y estos días he decidido volver a abrirlo, leyéndolo y mirándolo como si fuera la primera vez: para los lectores de Martín Gaite es un tesoro. Cuando abrí este blog, una de las primeras entradas que colgué contenía únicamente un collage de este libro y un texto de los Cuadernos de todo también de la autora. Hoy vuelvo al blog y quería empezar con ella y con el mundo del collage.
miércoles, 1 de enero de 2014
LAS 10 LECTURAS Y LOS 10 ESTRENOS DE CINE (2013)
sábado, 30 de noviembre de 2013
HISTORIAS DE UNAS MANOS. TRES AUTOBIOGRAFÍAS.
viernes, 25 de octubre de 2013
La historia de mi máquina de escribir, de Paul Auster.
jueves, 8 de agosto de 2013
DIARIO DE 1926, de Robert Walser.
Me gusta Robert Walser porque me recuerda a mi abuelo. Como a mi abuelo, a Robert Walser le gustaba mucho pasear, y siempre que lo leo me entran unas ganas inmensas de salir por la puerta, o levantarme del banco en el que estoy sentada y darle a los pies, como hacía mi abuelo y como hacía Walser, que le sobrevino la muerte también paseando. Menciono aquí, en este mismo párrafo, que Robert Walser tiene un librito titulado El paseo, y en Diario de 1926 el narrador da unos cuantos: Hoy he dado un agradable paseíto, breve, mínimo y sin alejarme demasiado, he entrado en una tienda de comestibles y he visto en su interior a una agradable muchachita, de estatura igualmente mínima y porte y actitud visiblemente modestos. p.7















