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sábado, 7 de febrero de 2015

Visión de Nueva York, de Carmen Martín Gaite.

En "Visión de Nueva York" me encuentro con una Carmen Martín Gaite (Salamanca, 8 de diciembre de 1925-Madrid, 23 de julio de 2000) que desde este instante pasa a  formar parte de mi imaginario collage en el que voy a pegar a  personas y personajes paseantes. Dice  su hermana Ana María: Amaba la calle. Era como su cuarto de estar, y en este trabajo se aprecia con claridad que sus fuentes de información las obtuvo siempre de su deambular por la ciudad, de su implicación física e intelectual en la actividad ciudadana.

 En "Visión de Nueva York" vemos a Carmen caminar, y seguimos sus pasos no sólo a través de sus palabras, también a través de sus collages. Porque este libro-cuaderno es una mezcla de textos propios y ajenos, fotografías, recortes de periódicos, anotaciones, sobres, facturas, anécdotas, su día a día en esa ciudad, todo cosido por sus manos –ella que tanto admiraba a los artesanos –las manos de Calila, como la llamaba Ignacio Álvarez Vara. Y aquí tengo que recoger algunas palabras de Nacho -como le llamaba Martín Gaite a él- aunque es tan hermoso el retrato que hace de ella  que me quedo con  ganas de transcribirlo entero: Las hadas vienen de mundos tejidos con hilo de oro. Calila llegó a hacer de su forma de tejer el mundo, y de recordarlo, representarlo y presentirlo, una manera de ser. Las cosas insignificantes, ella podía transfigurarlas. Para eso era un hada. Pero ni dibujaba ni vivía ni escribía a golpes de varita mágica. Admiraba el trabajo y lo practicaba como religión.


Carmen Martín Gaite empezó este cuaderno como un homenaje a su amigo Nacho (que desde hacía años le insistía para que fuera a Nueva York) y como un homenaje a Edward Hopper: gracias a una exposición retrospectiva a la que pudo asistir, contempló la obra del pintor, saliendo entusiasmada. Dentro del cuaderno encontramos palabras y un collage dedicado a él: Él no fue un pintor "social" o un "intelectual", afortunadamente estuvo libre de "ideas". Lo que le atrajo en el curso de su larga vida y de su difícil profesión fueron ciertos temas que se repiten: personajes solitarios en habitaciones desnudas, restaurantes, teatros; puentes y azoteas deshabitados (...).   


Por este cuaderno caminamos junto a ella  y nos vamos encontrando a personas anónimas  que gracias a la pluma y el trabajo de cortar y pegar, Carmen  convierte en personajes entrañables; escritoras como Virginia Woolf con la que  tiene tanto en común;  Woody Allen,  Greta Garbo, músicos, calles, sueños, reflexiones, familiares, excursiones y hasta sus ganas de dejar de fumar: A ver si dejo de fumar de una puñetera vez. Ya se me olvidan las veces que lo he decidido y que he vuelto a caer en la chupadita. Tal vez esto de recortar y pegar, además de lo divertido que es, puede llegar a convertirse en un sucedáneo del tabaco(...) Hoy he comprado en Broadway lápices de colores, que aquí son muy baratos, una cinta de cello transparente y el New York Post, que trae muy buena materia para mi trabajo.(...) Busca la materia en todo lo que cae en sus manos y nos lo devuelve con esa mirada tan especial que tanto me gusta.

Tengo la edición de tapa dura, regalo que me hizo mi madre hace unos años, y estos días he decidido volver a abrirlo, leyéndolo y mirándolo como si fuera la primera vez: para los lectores de Martín Gaite es un tesoro. Cuando abrí este blog, una de las primeras entradas que colgué contenía únicamente un collage de este libro  y un texto de los Cuadernos de todo también de la autora. Hoy vuelvo al  blog y quería empezar con ella y con el mundo del collage.

 





PATRICIA L.D.

martes, 17 de agosto de 2010

Collage

... ahora hacía collages en cartón de embalaje con pedazos de chatarra y chapas de botella, son momentáneos-decía-, fugaces por esencia como la vida, mezcla casual, material de derribo, que eso es el arte cuando huye del comercial.
Carmen Martín Gaite, Irse de casa.

Selecciona una serie de personajes de los que al principio no se sabe apenas nada y luego irnos prendiendo y llevando a través de las relaciones de cada uno con cada uno. Naturalmente, según con quien se enfrenten y vayan hablando se desvelan distintos. El final es como el mosaico en cada uno de ese conjunto de conversaciones y actitudes. Las influencias interpersonales y mutuas. Los hay que cambian menos y más, según con quien se relacionen. También se daba esto en Contrapunto y en Dostoievski.
 Novelas como fragmentos de vida.
Carmen Martín Gaite, Cuadernos de todo.