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sábado, 3 de marzo de 2012

Grooming, de Paco Bezerra

Esto es un parque (aunque en la imagen no se ven todos sus elementos): una farola, un contenedor de basura, una papelera, un banco y un columpio. Sentados, un hombre y una chica. Esto es un parque, o el sencillo escenario y los dos personajes  de la obra Grooming (o ciberacoso sexual a menores) que fuimos a ver ayer al Teatro de La Abadía. Esto es un parque, así lo ponía en el lateral izquierdo, escrito a tiza,  pero según transcurría la historia nos dimos cuenta de que nada es lo que parece. Y por eso la chica, luego añadiría la partícula negativa: Esto no es un parque. Y en aquel no-parque, no hay pajaritos cantando, ni árboles en flor rodeados por niños y niñas bien vigilados por sus papás, ni un muñeco pocoyó dicendo "nuuube". Viendo Grooming una no llega a encontrar la postura adecuada para quedarse sentadita-bien-quieta en la butaca, mientras nos acercamos al texto escrito por el joven Paco Bezerra (Almería, 1978) y trasladado al Abadía por José Luis Gómez. Mantiene la tensión entre los dos personajes, y no da pocas vueltas de tuerca.
El personaje interpretado por Nausicaa Bonnín dice que suele escuchar y luego hablar, y una vez dicho ésto, recibe por respuesta la carcajada del hombre que la ha chantajeado horas antes para conseguir un encuentro con ella, en ese no-parque con una farola torcida. Escuchar y luego hablar. Carcajada. Carcajada por considerar que escuchar y luego hablar es lo que hacemos todos, sin embargo, ese que suelta la risotada, ese hombre que ha estado tan dispuesto para hacer uso de su poder y también para hablar,  cuando los papeles se tornan,  ya no está tan preparado para hacer lo mismo. En lugar de escuchar y luego hablar, él se precipita a juzgar a la que había sido, hasta entonces, su víctima. Ahora su patología le parece medianamente normal, y el de ella descomunal.
Como en las películas Shame y Drive (por citar dos recientes) nos encontramos con personajes de los que no sabemos nada de su pasado, sólo sabemos lo que ocurre en su presente, teniendo el espectador que rellenar huecos a través de todo lo que no se dice, y que gracias a una buena dosificación entre lo silenciado y lo dicho, se nos permite intuir parte de su biografía y acercarnos más a ellos. Pero a diferencia de esos dos personajes, del Brandon de Shame y del Drive de Drive, al hombre y a la adolescente de Grooming les falta lo que a los otros les hacía cercanos al espectador, lo que les hacía más humanos. A todos nos gustó el resultado pero también nos dio la sensación de que le faltaba algo, o que podría haber sido algo más redondo. Creo, ahora, que ese "algo" está en la necesidad de darles algo de calor y que no  resulten tan fríos. Pero salimos con ganas de charlar acerca de la obra, porque  invita a ello. También con ganas de repetir salida al teatro. 
No haría justicia a este viernes si no mencionase La Taberna de Moncloa (calle Andrés Mellado,45). Nos metimos ahí sin conocerla y nos gustó mucho: su tabla de tostas de ahumados muy rica; no ponen partidos de fútbol (ni uno), y los camareros atentos y simpáticos. Queda anotada La Taberna de Moncloa.
Hasta el 11 de marzo se puede ir a ver Grooming

P.L.

viernes, 17 de febrero de 2012

Shame, de Steve McQueen


En los últimos cuatros meses he visto tres películas en el cine protagonizadas por el actor Michael Fassbender: Un método peligroso, Jane Eyre y Shame. Las tres me han gustado, pero la de hoy, Shame, se lleva la palma. O la copa Volpi. Que se la dieron a Fassbender al mejor actor. Y no sé cuántos premios más.
He ido sola, y cuando he salido del cine no sabía qué hacer, como si de repente no pudiese hacer varias cosas a la vez, como si fueran incompatibles, tan aturrullada estaba. ¿Ir caminando al intercambiador? ¿enviar un sms? ¿llamar a alguien? El caso es que  me he puesto el abrigo ya en la calle  y sin querer fijarme en las personas que iban pasando, me he acordado de los dos vejetes que en mitad de la sesión se han marchado. Y entonces he empezado a caminar, mientras enviaba 1 sms a dos personas: es muy dura Shame, y me he metido en el metro. Al llegar a la puerta no he podido pasar, olvidando por unos segundos, que para entrar hay que meter primero el billete. Qué despiste. Pero la película se te queda pegada. La cara de Fassbender. La atmósfera. Y he pensado que mejor haber ido sola, que no apetece mucho hablar después de verla, que mejor llegar cuanto antes al autobús y volver a casa. Pero primero el trayecto en metro. Y cómo no pensar dentro del vagón en Fassbender. Él también viaja en metro. Y aquí el metro, no sólo es un metro. Pero para eso hay que ver la película. Y sacar conclusiones. O metáforas por un lado y otro. 
 En el bus he empezado a leer un libro de recetas de cocina que he comprado en fnac, pero no había manera. Ahí estaba Fassbender otra vez. Y me ha contestado M. al sms de es muy dura Shame. Respuesta: mucho.  No sólo me lo ha parecido a mí. Ni a los vejetes que han abandonado la sala. Fassbender se desnuda en todos los sentidos. Y una tiene la sensación de haber estado una hora treinta y nueve minutos metida en el interior de una persona. Y es inquietante.
Subiendo hacia casa he recordado un capítulo de Mad Men. En aquel capítulo aparecía de la noche a la mañana un hermano del protagonista (Don Draper). El hermano le está buscando (creo que veía su foto en un periódico y por eso da con él), y quiere recuperar su afecto, recuperar el tiempo perdido, su cariño, el tiempo que no han pasado juntos, pero Don que ha querido dejar enterrado para siempre su pasado para transformarse en otra persona, sólo puede ofrecerle dinero. O lo único que se le ocurre para que se vaya, para que le deje en paz, incapaz como es él de permitirse una mirada hacia atrás, es darle dinero. No puede, no debe permitirse más. Nada de estrechar vínculos o todo se vendría abajo. Sin darse cuenta, o quizá sí, que la caída está siempre al acecho. Por ahí anda Shame. Aunque con muchas diferencias.
Y a Brandon (Fassbender) que le gustaría vivir en los años sesenta y ser músico... pero esta película no es Midnight in París. Y no hay viajes en el tiempo. Y por eso no está nominada a los Oscars. Ni tampoco Fassbender.
Es muy dura Shame. Mucho.
LA SINOPSIS DEL PAPELITO DE LOS RENOIR: Brandon es un exitoso treintañero que vive cómodamente en su apartamento de Nueva York. Su distracción frente a la rutina diaria consiste en seducir a mujeres, encadenando un sinfín de romances condenados al fracaso y ligues de una noche, además de citas con prostitutas y sexo en internet. Su ritmo de vida, controlado hasta entonces, empieza a hacer aguas cuando Sissy, su hermana rebelde, llega inesperadamente de visita. Su presencia en la vida de Brandon empuja a éste a adentrarse aún más en su sórdido submundo sexual, huyendo de la necesidad de su hermana de mantener una relación afectiva.
P.L.