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domingo, 5 de agosto de 2012

Drive, de James Sallis.


Drive, de James Sallis.
RBA Libros, S.A., 2009
160 páginas.
14 €
           
 Drive, de James Sallis (Helena, Arkansas, 1944) pertenece al género negro. Se trata de una novela corta, dividida en capítulos breves, y cuyo protagonista Driver, sólo sabe hacer una cosa, aunque esa cosa la hace como nadie: conducir. Yo conduzco. No hay nada más. No me quedo esperando a que tú planifiques el golpe, ni mientras lo das. Tú me dices dónde empezamos, dónde vamos, dónde iremos cuando terminemos, a qué hora es la cosa. Yo no participo, no conozco a nadie, no llevo armas. Yo sólo conduzco. Driver además se dedica a dar vueltas de campanas y sus trompos en películas. Películas muy espectaculares.

            Y así se gana la vida nuestro personaje, conduciendo. A una le hubiese gustado que el mismo dominio y gracia con el que Driver lleva su coche lo tuviese el novelista a la hora de estructurar esta historia, sin embargo, la sensación que he tenido leyéndola es más de coche que hay que llevar al taller a reparar. Si no hubiese visto previamente la película creo que no habría seguido la sucesión de crímenes y el porqué de los movimientos de Driver. Todo aparece como una mera sucesión de encuentros sin apenas conexión. Como Driver, personaje nómada, que pasa su vida de motel en motel, sin dejar rastro en ninguna parte, el lector pasa de capítulo en capítulo desconcertado, sin encontrar un sentido. Y esto estaría muy bien porque la obra habla en parte del sinsentido de todo, del ir tirando, de la dificultad, cuando no imposibilidad,  de ir contra lo que uno es; pero para hablar del sinsentido también hay que tener, como hemos dicho que tiene Driver con su coche,  dominio y gracia. Y es una lástima, porque hay una historia, hay un personaje interesante, pero falla el cómo se cuenta.

             Drive (2011) la película de Nicolas Winding Refn basada en el libro es un estupendo ejercicio de recoger las piezas estropeadas de una historia, arreglarlas y con ellas poner en marcha un artefacto que funciona. Sólo hace falta dar al PLAY y ver cómo lo hace. Un acierto en elegir el cuento del escorpión y la rana para que comprendamos la naturaleza del personaje de Driver. (Frente a las menciones literarias en el libro que no añaden nada salvo estupefacción en el lector).

            Aunque es un libro que no estoy recomendando sí quiero dejar algunas impresiones que aparecen en la contraportada, porque a otros sí les ha gustado:
            <<Un relato duro y sensacional sobre asesinatos, traición y engaños>>. The Boston Globe.
            <<Una bellísima obra que te hace desear que los demás escritores aprendan de Sallis.>> The Washington Post.


Drive (2011), de Nicolas Winding  Refn
Patricia L.

sábado, 3 de marzo de 2012

Grooming, de Paco Bezerra

Esto es un parque (aunque en la imagen no se ven todos sus elementos): una farola, un contenedor de basura, una papelera, un banco y un columpio. Sentados, un hombre y una chica. Esto es un parque, o el sencillo escenario y los dos personajes  de la obra Grooming (o ciberacoso sexual a menores) que fuimos a ver ayer al Teatro de La Abadía. Esto es un parque, así lo ponía en el lateral izquierdo, escrito a tiza,  pero según transcurría la historia nos dimos cuenta de que nada es lo que parece. Y por eso la chica, luego añadiría la partícula negativa: Esto no es un parque. Y en aquel no-parque, no hay pajaritos cantando, ni árboles en flor rodeados por niños y niñas bien vigilados por sus papás, ni un muñeco pocoyó dicendo "nuuube". Viendo Grooming una no llega a encontrar la postura adecuada para quedarse sentadita-bien-quieta en la butaca, mientras nos acercamos al texto escrito por el joven Paco Bezerra (Almería, 1978) y trasladado al Abadía por José Luis Gómez. Mantiene la tensión entre los dos personajes, y no da pocas vueltas de tuerca.
El personaje interpretado por Nausicaa Bonnín dice que suele escuchar y luego hablar, y una vez dicho ésto, recibe por respuesta la carcajada del hombre que la ha chantajeado horas antes para conseguir un encuentro con ella, en ese no-parque con una farola torcida. Escuchar y luego hablar. Carcajada. Carcajada por considerar que escuchar y luego hablar es lo que hacemos todos, sin embargo, ese que suelta la risotada, ese hombre que ha estado tan dispuesto para hacer uso de su poder y también para hablar,  cuando los papeles se tornan,  ya no está tan preparado para hacer lo mismo. En lugar de escuchar y luego hablar, él se precipita a juzgar a la que había sido, hasta entonces, su víctima. Ahora su patología le parece medianamente normal, y el de ella descomunal.
Como en las películas Shame y Drive (por citar dos recientes) nos encontramos con personajes de los que no sabemos nada de su pasado, sólo sabemos lo que ocurre en su presente, teniendo el espectador que rellenar huecos a través de todo lo que no se dice, y que gracias a una buena dosificación entre lo silenciado y lo dicho, se nos permite intuir parte de su biografía y acercarnos más a ellos. Pero a diferencia de esos dos personajes, del Brandon de Shame y del Drive de Drive, al hombre y a la adolescente de Grooming les falta lo que a los otros les hacía cercanos al espectador, lo que les hacía más humanos. A todos nos gustó el resultado pero también nos dio la sensación de que le faltaba algo, o que podría haber sido algo más redondo. Creo, ahora, que ese "algo" está en la necesidad de darles algo de calor y que no  resulten tan fríos. Pero salimos con ganas de charlar acerca de la obra, porque  invita a ello. También con ganas de repetir salida al teatro. 
No haría justicia a este viernes si no mencionase La Taberna de Moncloa (calle Andrés Mellado,45). Nos metimos ahí sin conocerla y nos gustó mucho: su tabla de tostas de ahumados muy rica; no ponen partidos de fútbol (ni uno), y los camareros atentos y simpáticos. Queda anotada La Taberna de Moncloa.
Hasta el 11 de marzo se puede ir a ver Grooming

P.L.