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sábado, 25 de enero de 2014

UN ÁRBOL CRECE EN BROOKLYN, de Betty Smith.



Un árbol crece en Brooklyn, de Betty Smith.
Debolsillo,2010.
Traducción de Rojas Clavell
512 págs. 9,95 Euros.

-En el mundo no hay lugar como éste-dijo Francie.
-¿Como cuál?
-Como Brooklyn. Es mágico, no es real…

          



La sensación que me ha dejado Un árbol crece en Brooklyn es la misma que me dejan las películas de Frank Capra (Qué bello es vivir, Juan Nadie, El secreto de vivir…) o la misma que me dejó aquella serie en blanco y negro titulada La pandilla. Una sensación que asocio a “lo entrañable”.

La pandilla (Our gang)

            Todavía escucho el bullicio de Williamsburg (Brooklyn); todavía veo a la protagonista de esta historia, Francie Nolan, esperando que llegue su padre, temiendo que regrese borracho pero ansiosa de escucharle subir las escaleras, que entre en la habitación  y  la llame Prima Donna, y si es cantando entonces ella será la niña más dichosa del mundo:

En Dublín, ciudad encantada,
las muchachas son tan bellas…
Allí fue donde conocí…

Veo a su hermano Neeley, saliendo junto ella a comprar la carne que les ha encargado su madre, tan trabajadora, todo el día fregando; también veo a los dos consiguiendo un gran árbol de Navidad; y les veo leyendo, primero una página de la Biblia y a continuación otra de Shakespeare: ese pan que no les va a faltar, pan de papel, de letras sagradas y laicas. Veo a Francie con la taza de café entre las manos, sintiendo su calor, el aroma.

            He disfrutado metiéndome en el mundo de esta familia, ver cómo no es necesario salir en busca del Anillo Único,  ni pasar por multitud de odiseas para vivir un sinfín de aventuras. Cotidianas, sí, pero aventuras al fin. Cotidianas como coger unos patines ajenos para darse el gusto de dar una vuelta a la manzana sobre 8 ruedas. Cotidianas como ir a la biblioteca y seguir leyendo los autores que empiezan por la “A”, porque Francie quiere leerlo todo, absolutamente todo; como la ternura de los besos del padre; pasear y observar la droguería, la pastelería y la tienda de té; cotidianas como decir la primera mentira deliberada, ser pillada y saber al instante que una quiere ser escritora.

            Betty Smith, la autora de Un árbol crece en Brooklyn,  dijo que el libro tenía bastante de su biografía. No es difícil intuir que ella no sólo era Francie, también el árbol del título: Todo ser se esfuerza por subsistir. Miren ese árbol: crece a través de las rejas, no recibe sol y sólo tiene agua cuando llueve. Brota en tierra áspera y es fuerte porque su persistente lucha lo fortalece. P.103.

             Betty Smith con la perspectiva que da el paso del tiempo transformó el lugar en el que transcurrió su dura niñez y adolescencia así como sus experiencias en una bonita declaración de amor: Un árbol crece en Brooklyn es su Brooklyn; y supo ver que junto a  las penurias que vivió su familia también se podían contar momentos de alegría (o al menos eso es lo que le hubiese gustado a ella y por eso así lo contó: ventajas del arte de ficcionar).

            Elia Kazan se encargó de la adaptación de la novela (si no la han visto la encontrarán como “Lazos humanos”) en 1945. Fue su primera película. James Dunn (en el papel de Johnny, el padre de Francie) se llevó el Óscar a actor de reparto. Estuvo nominada a Mejor Guión. Y Peggy Ann Garner (en el papel de Francie) se llevó el Premio Juvenil de la Academia.


            Prefiero que pase un tiempo desde que termino un libro hasta que veo la adaptación y de este modo evitar las comparaciones, pero en esta ocasión la vi justo el mismo día que terminé la lectura. Creo que merece la pena, ese lado “entrañable” que comentaba al principio está en la atmósfera, en los personajes, aunque me hubiese gustado disfrutar una adaptación de Capra. La historia de Betty Smith es muy Frank Capra. O así me lo parece.

Sobre la tierra de los libres
y el hogar de los valientes…

Patricia L.D.
           
  
          Betty Smith, cuyo verdadero nombre era Sophina Elisabeth Wehner, nació en 1896 en Brooklyn, hija de inmigrantes alemanes. Se dedicó primero al mundo del teatro, pero el éxito extraordinario de Un árbol crece en Brooklyn, publicada en 1943, la convirtió en una escritora famosa y la animó a seguir la carrera de novelista con otros tres textos narrativos.

            Casada dos veces y madre de dos hijas, la autora murió en su casa de Chape Hill (Carolina del Norte), en 1972. 

lunes, 18 de febrero de 2013

MALDITO KARMA, de David Safier.

Algunos recordaréis la película A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991) en la que Harrison Ford interpreta al personaje Henry Turner, un abogado al que sólo le interesa el dinero y el  éxito y que por conseguirlos no tiene miramientos en  esconder pruebas o tergiversar hechos si es necesario. Un día recibe un disparo, y aunque no muere, sí pierde la memoria. Una vez recuperado tiene que aprender lo desaprendido tras el accidente, y volver a iniciar la vida donde la dejó, con la curiosidad prácticamente de un niño y con el asombro de quien va descubriendo  que no se siente nada identificado con  aquella persona que supuestamente era él. Como si ese disparo además de la memoria le hubiese volteado la escala de valores a la hora de afrontar la vida. Su familia que antes estaba en un segundo plano, pasará al primero, y en el trabajo no se encuentra nada cómodo.


Maldito Karma, D.Safier
Seix Barral,2009.
320 págs.

¿Por qué menciono A propósito de Henry para hablar de Maldito Karma, la novela de David Safier (Bremen, 1966)  que ha vendido no sé cuantos millones de ejemplares? Porque el argumento es prácticamente el mismo, aderezado con el toque de la reencarnación. Si se fijan en la portada, esos animalillos son Kim Lange en versión reencarnada. Antes de su primera muerte, Kim era una famosa presentadora de TV que al igual que Henry Turner, no tenía ningún inconveniente en pisotear a quien fuera con tal de mantenerse en primera línea. Tampoco le importaba no disponer de tiempo para estar con su familia. Un día muere y entonces descubre que ha desperdiciado toda  su vida en tonterías y se ha olvidado de lo importante: su querido marido Alex y su querida hija Lilly. A partir de ahora, hará todo lo posible por recuperarles. Para conseguirlo tendrá que ir acumulando buen karma, haciendo buenas obras y con la compañía de un curioso amigo, Casanova (sí, el famoso conquistador que nos le encontramos casi al principio de la historia en estado-hormiga, y del que podremos leer fragmentos de sus Memorias en notas a pie de página). Juntos vivirán aventuras a lo Alvin y las ardillas, y tratarán de ir subiendo, reencarnación tras reencarnación, en la escala animal, hasta cumplir sus objetivos.

                Maldito Karma da lo que promete, ni más ni menos: un rato de diversión. Un libro para desconectar de un día ajetreado, o para reírte un poquito. Lo que me hubiese gustado es que David Safier hubiese trabajado más la verosimilitud y el tratamiento de los personajes. Porque está bien que circulen este tipo de libros que no tienen más pretensiones que el entretenimiento, pero unos mínimos no estarían de más. No llegas a creerte mucho a Kim Lange, una mujer que cada vez que se reencarna lo  hace en animales más “evolucionados” gracias a sus buenos actos, pero resulta que esos buenos actos están al nivel de su comportamiento al principio de la historia: para conseguir lo que quiere se sigue llevando por delante todo lo que haga falta. Si leen el libro, descubrirán muchas incongruencias de este tipo; la narradora de la historia,  que también es Kim, no sabe sólo lo que le pasa a ella, sino también todo lo que piensan los demás, como si estuviese dentro de sus cabezas; o parece la Samantha de Embrujada, en el sentido de que todo lo que quiere, termina consiguiéndolo y prácticamente al instante, sin justificarse  en ningún momento a qué se debe este poder; por no mencionar lo planos que son los personajes; lo que no quita que la historia resulte simpaticona, se lea  de un tirón -predominan los diálogos que además fluyen bien, no en vano el autor es también guionista de televisión- y bueno, a veces el cuerpo te pide más que una historia, una historieta.

                Lo recomiendo para días de playa.

Patricia L.D.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Wilt, de Tom Sharpe.

El problema no ha sido Henry Wilt, el personaje creado por Tom Sharpe que además de formar parte de esta historia titulada Wilt, también lo hizo en Las tribulaciones de Wilt, Ánimo Wilt, Wilt no se aclara, y por si no tuviésemos suficiente Wilt, otro más: La herencia de Wilt. El problema tampoco ha sido su esposa Eva, mujer hiperactiva, excesiva en todo y adicta a cientos de cursos: cerámica, baile oriental, judo, meditación trascendental, etc., etc.

            Tampoco los pensamientos de Wilt acerca de cómo matarla, de imaginarse  una vida sin ella después de doce años de matrimonio; ni su falta de decisión, ni sus diez años de profesor auxiliar en la Escuela de Artes y Oficios. Tampoco su existencia anodina, su aburrimiento, su deprimente rutina. ¿Quizá Judy, la mujer de plástico hinchada a mayor presión de lo normal? No. Ni la fiesta en una casa del vecindario, ni la vecina con cerebro de cacahuete y cientos de pájaros revoloteando en su cabeza, ni los obreros que se encuentran a la muñeca hinchable asesinada en su obra. ¿Pero acaso se puede asesinar a un trozo de plástico? Y es aquí, en este momento, cuando también  entra en juego la policía y sus pesquisas, tan poco acertadas ellas;  y una mitad –Wilt –se quedará ahí, entre los cotilleos y tejemanejes de la Escuela, la comisaría, el ajetreo en las obras con la pobre muñeca Judy enterrada en hormigón, sometido a un sinfín de interrogatorios, mientras la otra mitad –Eva –muerta aparentemente, presencia fantasmal para algún que otro cura, tomará un barco con una pareja que la deslumbrará al principio hasta que finalmente escape espantada de los dos: Sally, a quien le gusta la Terapia Táctil y Gaskell, que se divierte con juegos y juguetes infantiles.

            Y según vamos leyendo, iremos pasando de un enredo a otro. Y seguramente al final, el señor Wilt saque algo de esto. Y seguramente la señora Wilt también. ¿Pero qué sacamos nosotros, los lectores? Como mucho, pasar un rato un poco divertido. Más allá, y este sí es el problema: NADA.

            Me acordé de la película Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie, 2007). Por si les gustan las historias con mujeres de plástico hinchadas a mayor presión de lo normal. Ahí si encuentro a personajes de verdad, aunque uno sea de plástico.

Patricia L.

Nota: sería injusto no decir que con quince o dieciséis años Wilt sí me pareció entretenido y me arrancó más de una sonrisa. Supongo que mis gustos han ido cambiando y pido a una historia más que una sucesión de enredos; o sencillamente, que este libro no aguanta bien una relectura.

Este post aparece publicado en el blog colectivo ALQS2D. Para leer los comentarios, puedes dirigirte aquí

domingo, 5 de agosto de 2012

Drive, de James Sallis.


Drive, de James Sallis.
RBA Libros, S.A., 2009
160 páginas.
14 €
           
 Drive, de James Sallis (Helena, Arkansas, 1944) pertenece al género negro. Se trata de una novela corta, dividida en capítulos breves, y cuyo protagonista Driver, sólo sabe hacer una cosa, aunque esa cosa la hace como nadie: conducir. Yo conduzco. No hay nada más. No me quedo esperando a que tú planifiques el golpe, ni mientras lo das. Tú me dices dónde empezamos, dónde vamos, dónde iremos cuando terminemos, a qué hora es la cosa. Yo no participo, no conozco a nadie, no llevo armas. Yo sólo conduzco. Driver además se dedica a dar vueltas de campanas y sus trompos en películas. Películas muy espectaculares.

            Y así se gana la vida nuestro personaje, conduciendo. A una le hubiese gustado que el mismo dominio y gracia con el que Driver lleva su coche lo tuviese el novelista a la hora de estructurar esta historia, sin embargo, la sensación que he tenido leyéndola es más de coche que hay que llevar al taller a reparar. Si no hubiese visto previamente la película creo que no habría seguido la sucesión de crímenes y el porqué de los movimientos de Driver. Todo aparece como una mera sucesión de encuentros sin apenas conexión. Como Driver, personaje nómada, que pasa su vida de motel en motel, sin dejar rastro en ninguna parte, el lector pasa de capítulo en capítulo desconcertado, sin encontrar un sentido. Y esto estaría muy bien porque la obra habla en parte del sinsentido de todo, del ir tirando, de la dificultad, cuando no imposibilidad,  de ir contra lo que uno es; pero para hablar del sinsentido también hay que tener, como hemos dicho que tiene Driver con su coche,  dominio y gracia. Y es una lástima, porque hay una historia, hay un personaje interesante, pero falla el cómo se cuenta.

             Drive (2011) la película de Nicolas Winding Refn basada en el libro es un estupendo ejercicio de recoger las piezas estropeadas de una historia, arreglarlas y con ellas poner en marcha un artefacto que funciona. Sólo hace falta dar al PLAY y ver cómo lo hace. Un acierto en elegir el cuento del escorpión y la rana para que comprendamos la naturaleza del personaje de Driver. (Frente a las menciones literarias en el libro que no añaden nada salvo estupefacción en el lector).

            Aunque es un libro que no estoy recomendando sí quiero dejar algunas impresiones que aparecen en la contraportada, porque a otros sí les ha gustado:
            <<Un relato duro y sensacional sobre asesinatos, traición y engaños>>. The Boston Globe.
            <<Una bellísima obra que te hace desear que los demás escritores aprendan de Sallis.>> The Washington Post.


Drive (2011), de Nicolas Winding  Refn
Patricia L.

martes, 26 de junio de 2012

El curioso caso de Benjamin Button/El secreto de vivir.


El domingo, después de ver El secreto de vivir (1936) de Frank Capra, y quizá porque sus películas parecen un buen cuento, y además bien contado, me entraron ganas de leer uno. Busqué y al final me decidí por El curioso caso de Benjamin Button, de F. Scott Fitzgerald. Hoy he terminado su lectura, y teniendo tan reciente el visionado de la película he empezado a hacer asociaciones: tanto el protagonista de la película de Capra, Mr. Deeds, (interpretado por Gary Cooper) como el protagonista del cuento de Fitzgerald son dos personajes que van a contracorriente. Uno –qué cosas más raras se les ocurren a algunos –decide repartir la herencia que le ha caído en gracia –o en desgracia –entre los más necesitados; el otro porque su reloj biológico va al revés: nace siendo un anciano y según va transcurriendo el tiempo se irá haciendo cada vez más joven, hasta terminar su vida siendo un bebé. (Igual ya han visto la película que hizo David Fincher basándose en este cuento, pero merece la pena leerlo).

        Son dos hombres que no se ajustan a la norma, son diferentes, y como la diferencia siempre suele mirarse con desconfianza y recelo, no les quedará otra que hacer frente a los comentarios malintencionados, a la incomprensión, al verse señalados por miles de dedos, a las burlas, y a los titulares de los periódicos: Mr. Deeds será apodado “El ceniciento”, mientras que Benjamin Button será “El misterioso Hombre de Maryland”. A su alrededor circularán historias inciertas y exageradas, fruto de los rumores. Como dice el narrador que nos cuenta la historia de Benjamin Button: Pero la verdadera historia, como suele ser normal, apenas tuvo difusión.
Ayer (son más de las 00:00) una colaboradora del blog colectivo A leer que son 2 días, con su post hacía una defensa de la literatura juvenil. Yo doy a la flecha derecha del mando y copio las palabras que dice  Mr. Deeds en el juicio en el que tiene que defender su cordura: Es como si veo a un hombre en una barca cansado de remar y me pide que le lleve, pero hay otro ahogándose. ¿A quién espera que ayude? ¿Al sr. Cedar, que me pide que le lleve? ¿O a esos hombres que se están ahogando? Cualquier niño de diez años respondería correctamente. Mi plan es muy sencillo. Daré a cada familia 4 hectáreas, un caballo, una vaca y semillas. Si la trabajan durante tres años la granja será suya. Si estoy loco por eso,  que me  internen.”

          ¿No parece un fragmento sacado de un cuento de niños? Muchos adultos disfrutamos del cine de Capra. Leemos en dos días y  por primera vez un cuento titulado El curioso caso de Benjamin Button, que al igual que su versión en el cine, nos deja cierta melancolía, y pensamos que no nos hubiera importado leer ese libro con doce años; o ver esas películas con trece. Hay libros y películas que están más allá de la edad.

        También reivindico la literatura juvenil para Niños Grandes. Porque a veces olvidamos con demasiada facilidad lo que cualquier niño de diez años respondería correctamente.
Patricia L.