La
primera noche que entré en el Café Gijón puede
que fuese una noche de sábado. Había humo, tertulias,
un nudo de gente en pie...
Estas fueron las primeras palabras que Emilio Arnao leyó de
Francisco Umbral, y desde entonces -un entonces que tenemos que
situar en la adolescencia y las tardes de bocatas con nocilla- hasta ahora, han pasado años y
libros, muchos libros, entre ellos muchos de Umbral. Porque una vez que Umbral entró en la vida de Emilio Arnao ya se quedó para siempre. Umbral, sí, marca un antes y un después
en la biografía lectora de Arnao. Ahí
estaba lo que yo andaba buscando. Un escritor que me hablara de
literatura y de su vida, y de los cafés, y de los bares, y de
las noches, y el mundillo literario, las putas y las ginebras y esa
acacia blanca y hermosa que es Umbral cuando escribe. Se encuentra con Umbral al mismo tiempo que con Rimbaud, y
ambos son los autores que más le llegan al
cuerpo y al alma. Y eso se nota. Se nota y mucho en este homenaje que
le dedica a Umbral. No en vano dice la dedicatoria: A
ti, Umbral.
Arnao
encontró en Umbral al escritor que le hablaba de la vida y la
literatura, así lo dice en el párrafo copiado más
arriba, y Arnao nos habla y nos habla muy bien sobre la vida y literatura de Umbral, o de las dos a la vez, porque aunque el libro
se divide en dos partes, una más centrada en la vida, y la otra más centrada en la obra, sin
embargo no sólo se es escritor cuando se escribe sino sobre
todo cuando se vive, y ambas cosas deben estar beatíficamente
imbricadas, de modo que se pueda anchear la vida en la literatura o,
a la viceversa, se pueda literaturizar la vida.
Y los límites se confunden, y ambas, literatura y vida se
mezclan, se funden en este ensayo, como se mezclaban unos géneros con otros en la
literatura umbraliana: Umbral
es un escritor sin géneros, aunque él en sí sea
todo un género literario.
Arnao cuando habla del libro Madrid,
tribu urbana, dice que quizá haya cosas que sólo se puedan decir
literariamente. Y leyendo este ensayo sobre Umbral, su
Umbral, he sentido que tiene un decir muy
literario, y por eso le ha salido tan singular y claramente, tan la hostia.
Porque rezuma todo él la escritura de alguien que está muy puesto de Umbral, y Umbral, no lo olvidemos era y será siempre un poeta. Un poeta no es sólo aquel que realiza versos, sino aquel hombre que busca en el estilo la belleza metafórica de las palabras, porque metaforizar el mundo es la manera más deslumbrante de intentar resolverlo.
Antes de que mi madre me regalase este libro,
había leído de Umbral Las
ninfas,
Mortal y rosa,
El hijo de Greta
Garbo,
La forja de un
ladrón,
Los alucinados,
y sus columnas de El
Mundo.
Después de esta lectura me dan ganas de hacer un pedido con
todo lo que Arnao se ha comido de Umbral. Y qué bien lo ha
digerido. Cómo nos lo ha devuelto luego en este ensayo entre
la creación y la interpetación.
Un ensayo que por obra de birlibirloque podría convertirse
también -y uno convierte los libros que lee en lo que quiere-
en un manual para escritores y lectores. Porque se habla mucho de
literatura, de escritura, de Galdós y el realismo, de los
expresionistas, de escribir,
escribir y escribir, porque escribiendo se está más
digno que tomando vermuts o bailando tangos, de
Proust, de Joyce, del malditismo, de Baudelaire, del snob y del
dandy, del whisky, de la Olivetti, siempre la Olivetti, de Valle-Inclán, de Ruano y Cela,
del personaje televisivo, de las máscaras, del dolor, del sexo,
del humor tan importante en la obra de Umbral, de las pequeñas
cosas, del pinabeto, de la gata Loewe.
Por
eso es necesario escribirlo todo, para atarlo, para sujertarlo,
buscando el paroxismo del regreso, la lealtad de la vuelta. Creo
que Arnao ha querido atar con este ensayo, con su ensayar tan personal, todas las lecturas que ha
hecho de los libros de Umbral y lo que ellas han significado para
él. Supongo que se habrá quedado a gusto. A mí me
ha encantado. Gracias mamá por tu sabia elección.
Termino
con una de las respuestas que le dio Umbral en la entrevista que le hizo (os la encontraréis íntegra dentro del libro):
Yo
creo que escribir es vivir dos veces, vivir más. Yo ya no sé
si vivo para escribir o escribo para vivir, muchas cosas las vivo
para escribirlas, sí, pero evidentemente al escribir algunas
cosas se viven más intensamente de lo que se vivieron, es
cuando se profundiza en la vida, cuando se vive plenamente, cuando se
disfruta a fondo y cuando se encuentran los matices a una experiencia
que a lo mejor parece que no fue importante. La vida da sus mejores
relieves en la literatura.
P.L.
Nota al margen de este post pero que tenía que meter en esta tarde de domingo: genial Moneyball.
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