martes, 19 de marzo de 2013

HA DEJADO DE LLOVER, de Andrés Barba.



Ha dejado de llover
Andrés Barba
Anagrama, 2012
200 páginas
16,90 Euros; Versión Kindle: 12,34.


Ha dejado de llover, de Andrés Barba (Madrid, 1975) contiene cuatro nouvelles: Paternidad, Astucia, Fidelidad y Compras. Cuatro novelas breves que tienen en común el situarse en Madrid, centrarse en la familia, y <<ser distintas variaciones del mismo tema: una persona, súbita y accidentalmente, entiende por fin la vida de otra>>.

            Sorprende la sutileza con la que el autor ahonda en los pliegues y repliegues de las relaciones familiares, especialmente entre madres e hijas (en Paternidad entre padre e hijo). Unas relaciones en las que hay “algo” que obstaculiza el trato, no cede, oprime, no deja moverse con desenvoltura. “Algo” que es difícil verbalizar, unas veces porque se desconoce qué puede ser ese “algo” (se siente, pero del mismo modo que un niño siente la presencia de un fantasma en la oscuridad); otras, teniendo más claro el problema, no se tiene la presteza necesaria –por falta de costumbre –para encontrar las palabras exactas y existe el miedo a no ser entendido por el otro; o por sentir que se está atravesando un campo de minas, y por mucho cuidado que se ponga, tarde o temprano una de ellas nos va a explotar. Pero lo que caracteriza a estas cuatro historias es que al final nada salta por los aires, ya que todo de una forma natural –sin más –se resuelve: de un modo instantáneo –imprevisto – la vida sitúa a cada uno de los personajes en los que se centra cada una de las historias, en un momento en el que ya comprende al otro. Entonces recordamos el título del libro y su acierto: ha dejado de llover. Y terminamos la historia y miramos por la ventana –del mismo modo que mira ese maniquí de la portada- como cuando deja de llover, y sentimos cierta calma; o si estamos fuera de casa, reanudamos nuestro caminar donde lo habíamos dejado. Ese poso nos deja sus finales, aunque por el camino la atmósfera que nos ha acompañado es de cierta tristeza. La de asistir a la vida de unas personas que no sólo han heredado los gestos de sus padres, el color de sus ojos o de su pelo, también toda una <<herencia sentimental>> (tema que le interesa al autor) que de un modo u  otro les hace moverse con cierta torpeza entre los lazos familiares, que aunque no son elegidos, no dejan de formar parte de nosotros.

            Gracias a la prosa de su autor, que sabe detenerse, observar, prestar atención a temas tan cotidianos y sin embargo, tan difíciles de aprehender con las palabras, asistimos a los vericuetos de la intimidad de unos personajes a los que nos gustaría, en más de una ocasión, tenderles las manos, o quizá ese abrazo que sabemos que deberíamos dar más a menudo y muchas veces, también por torpeza, no damos.

Delicatessen
Patricia L.D.


Del libro: Andrés Barba (Madrid, 1975) se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del Premio Herralde y llevada a la gran pantalla por Mijke de Jong), a la que le siguió un excelente libro de nouvelles titulado La recta intención, y cinco novelas más que le confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa(Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, octubre y Muerte de un caballo(Premio Juan March). En colaboración con Javier Montes recibió el premio Anagrama de Ensayo por La ceremonia del porno y es también autor, junto al pintor Pablo Angulo, del Libro de las caídas. Fue elegido por la prestigiosa revista Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español. Su obra ha sido traducida a diez idiomas.
           

martes, 12 de marzo de 2013

PERSONA, de Julián Marías.

"Hay que insistir en la idea de que la persona es alguien corporal: alguien, no algo."

                                De una conferencia de Julián Marías.

Hace unos días me encontré con Javier Lee, compañero del club de lectura, en la biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. Seguí su recomendación y cogí una película de un director y escritor que hemos reseñado por aquí: Philippe Claudel. La película me gustó mucho, pero hoy no quería comentar esa película, sino cómo en ese espacio público que es nuestra biblioteca a la vez que espacio para muchos ensimismamientos, entre recomendaciones y una conversación acerca de nuestros trabajos, cada uno de nosotros ya estaba seleccionando sus libros para llevárselos después. Es decir, que de modo simultáneo estábamos intercambiando opiniones y –sin comunicárnoslo el uno al otro –elegíamos proyectos de lectura para los próximos días: esos libros, que al poco rato, estaríamos cogiendo en préstamo.

            Uno de los que elegí fue “Persona”, de Julián Marías (1914-2005). Un ensayo del filósofo, en el que intenta esclarecer qué es la persona, y en el que nos podemos encontrar con las ideas –que me han llevado a introducir el libro como lo he hecho –del ensimismamiento (retracción o retiro a la interioridad) y la convivencia (relación interpersonal). Julián Marías no se centra más en una de las dos, por la sencilla razón, que no concibe la persona sino en la simultaneidad de ambas. p.41: Junto a su esencial apertura, la persona es un <<dentro>>, un ámbito (…) no consiste solo en actos y gestos, sino a la vez, en inextricable mezcla con ellos, imágenes, recuerdos, evocaciones, expectativas, deseos, nostalgias, sentimientos de toda índole que coexisten con la vida exterior, de la que son testigos los demás. En ambos <<mundos>> vive simultáneamente el hombre.

            Me acuerdo, ahora, de la secuencia de “Annie Hall” (Woody Allen, 1977) en la que los personajes de Diane Keaton (Annie) y Woody Allen (Alvy Singer), aparecen –poco después de conocerse –conversando en la terraza de un piso. Por un lado asistimos a lo que se dicen, al diálogo que mantienen, y por otro lado vemos los pensamientos que no se dicen, el diálogo que mantienen cada uno de ellos, con sus respectivos gustos, deseos, proyectos, etc.



Un guiño a esta escena lo encontramos en “500 días juntos” (Marc Webb, 2009) donde Joseph Gordon-Levitt (Tom) va a casa de su exnovia, Zooey Deschanel (Summer) y por un lado se muestra en la mitad de la pantalla lo que está ocurriendo (realidad) y en la otra mitad lo que le gustaría a Tom que ocurriese (expectativas). Secuencias que nos sirven como ejemplos de andar por casa, sobre lo que Julián Marías dice también acerca de la persona, y que guarda relación con nuestra distensión temporal (no somos simplemente presente). P.122-124: Lo decisivo, lo que da a la persona un puesto único en el conjunto de todo lo conocido con intuición y que permite la experiencia, es la inclusión de la irrealidad en su realidad. Podríamos decir que lo real no es más que real, y en ese sentido, presente. La persona, no: es desde luego pasado y futuro, memoria de lo que fue, y que sigue actuando, formando parte de lo que <<es>>, y sobre todo futuro incierto, anticipación o proyecto, y consiste primariamente en ello.

La persona, por ese componente de irrealidad del que habla Julián Marías, está en proceso, somos constante innovación, ya que no tenemos una constitución prefijada, dada, cerrada, y por lo tanto, no se puede decir de una persona <<esto es>>. P.32: El animal está <<dado>>, no solo en lo que es como organismo, sino en el repertorio de sus acciones que tiene que realizar; pero que están ya determinadas por su especie; en eso consiste su naturaleza. En el hombre, por el contrario, se introduce la irrealidad –el futuro incierto –como constitutivo de su realidad, ya que está presente proyectivamente en la persona. El repertorio de sus acciones posible, no solamente no está realizado, sino que no está ni siquiera dado como pauta fija, ya que la persona es libertad intrínseca e inseguridad.

            Ligadas a estas ideas que nos pueden ayudar a comprender qué es la persona, Julián Marías nos habla de la vocación, del amor, de la amistad, de la función que ha tenido la literatura a la hora de entender qué es la persona, de la autenticidad/inautenticidad… Después de leer el libro y escribir estas pocas líneas sobre él, me pregunto: ¿pero todo esto se puede meter en un librito de 180 páginas? Creo que no. Creo que este ensayo, como tantos otros, es una invitación a seguir dando vueltas a temas que siempre tendrían que estar repensándose, y para referirnos a ellos, tomamos prestadas  palabras que dedica Marías a la persona: están siempre abiertos, son inagotables, tienen siempre nuevas posibilidades no ensayadas. Quizá, este ensayo sea una llamada a la reflexión –si es que no la hacemos día a día - a cada uno de nosotros para ir ensayando esas otras posibilidades, y de las que dependerá en gran medida nuestra forma de interactuar con los demás y de vivir nuestra vida.

Difícil entender el lugar al que se está relegando ¿hoy? a la filosofía. Difícil también encontrar libros como “Persona”, y no lo digo porque no se publiquen libros que nos puedan interesar tanto como el de Marías, sino porque es difícil hacerse con él. Por iberlibro he visto que lo tienen en unas pocas librerías y como lleva años descatalogado su precio oscila entre los 25 euros y los 126.  En fin. Menos mal que todavía es posible descubrirlo (no había oído hablar de él) en algunas bibliotecas públicas que no han tenido que cerrar sus puertas.


            Puede resultar interesante, después de leer este libro, ver “El séptimo continente” (Michael Haneke, 1989) para descubrir en imágenes la despersonalización y el ocultamiento de la persona, también temas que investiga Marías. Agradezco a Rubén R. su propuesta de visionarla. Ha sido un acierto.

            pp.28-29: La despersonalización, que no puede ser total, hace que algunos lleguen a la muerte, al balance total, con una impresión desoladora: <<no he vivido>>. Lo interesante es que puede coincidir con una vida llena de acción, contenidos y éxitos; pero todo se siente <<ajeno>>, un error respecto a lo que había tenido que ser la vida de esa persona única, que se descubre, diríamos, en hueco, al entrar en últimas cuentas consigo.

            p.50: La dispersión habitual de la vida hace problemática la concentración, condición imperiosa para el hallazgo de la propia persona. (…) Es improbable que el hombre de nuestro tiempo se pregunte por su destino último, lo que le haría tropezar con su realidad personal, porque su atención está absorbida por las noticias, por las preocupaciones impuestas por la burocracia, las regulaciones de todo orden, los quehaceres profesionales, raras veces conexos con la vocación, la anticipación de la percepción de las subvenciones, jubilaciones, pensiones, servicios públicos, hasta una muerte vista con ojos <<administrativos>> y que se presenta como un mero término de la vida, sin lugar a un balance personal y un interrogante acerca de la posibilidad de un destino ulterior.

            p.125: el hombre sabe que podría no haber nacido, y esto lo obliga a la vez a imaginar y proyectar su vida y a justificarla, a tratar de darle sentido –se entiende, buen sentido, ya que la posibilidad del absurdo acompaña a la conciencia de contingencia, es una permanente tentación.


Patricia L.D.



lunes, 18 de febrero de 2013

MALDITO KARMA, de David Safier.

Algunos recordaréis la película A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991) en la que Harrison Ford interpreta al personaje Henry Turner, un abogado al que sólo le interesa el dinero y el  éxito y que por conseguirlos no tiene miramientos en  esconder pruebas o tergiversar hechos si es necesario. Un día recibe un disparo, y aunque no muere, sí pierde la memoria. Una vez recuperado tiene que aprender lo desaprendido tras el accidente, y volver a iniciar la vida donde la dejó, con la curiosidad prácticamente de un niño y con el asombro de quien va descubriendo  que no se siente nada identificado con  aquella persona que supuestamente era él. Como si ese disparo además de la memoria le hubiese volteado la escala de valores a la hora de afrontar la vida. Su familia que antes estaba en un segundo plano, pasará al primero, y en el trabajo no se encuentra nada cómodo.


Maldito Karma, D.Safier
Seix Barral,2009.
320 págs.

¿Por qué menciono A propósito de Henry para hablar de Maldito Karma, la novela de David Safier (Bremen, 1966)  que ha vendido no sé cuantos millones de ejemplares? Porque el argumento es prácticamente el mismo, aderezado con el toque de la reencarnación. Si se fijan en la portada, esos animalillos son Kim Lange en versión reencarnada. Antes de su primera muerte, Kim era una famosa presentadora de TV que al igual que Henry Turner, no tenía ningún inconveniente en pisotear a quien fuera con tal de mantenerse en primera línea. Tampoco le importaba no disponer de tiempo para estar con su familia. Un día muere y entonces descubre que ha desperdiciado toda  su vida en tonterías y se ha olvidado de lo importante: su querido marido Alex y su querida hija Lilly. A partir de ahora, hará todo lo posible por recuperarles. Para conseguirlo tendrá que ir acumulando buen karma, haciendo buenas obras y con la compañía de un curioso amigo, Casanova (sí, el famoso conquistador que nos le encontramos casi al principio de la historia en estado-hormiga, y del que podremos leer fragmentos de sus Memorias en notas a pie de página). Juntos vivirán aventuras a lo Alvin y las ardillas, y tratarán de ir subiendo, reencarnación tras reencarnación, en la escala animal, hasta cumplir sus objetivos.

                Maldito Karma da lo que promete, ni más ni menos: un rato de diversión. Un libro para desconectar de un día ajetreado, o para reírte un poquito. Lo que me hubiese gustado es que David Safier hubiese trabajado más la verosimilitud y el tratamiento de los personajes. Porque está bien que circulen este tipo de libros que no tienen más pretensiones que el entretenimiento, pero unos mínimos no estarían de más. No llegas a creerte mucho a Kim Lange, una mujer que cada vez que se reencarna lo  hace en animales más “evolucionados” gracias a sus buenos actos, pero resulta que esos buenos actos están al nivel de su comportamiento al principio de la historia: para conseguir lo que quiere se sigue llevando por delante todo lo que haga falta. Si leen el libro, descubrirán muchas incongruencias de este tipo; la narradora de la historia,  que también es Kim, no sabe sólo lo que le pasa a ella, sino también todo lo que piensan los demás, como si estuviese dentro de sus cabezas; o parece la Samantha de Embrujada, en el sentido de que todo lo que quiere, termina consiguiéndolo y prácticamente al instante, sin justificarse  en ningún momento a qué se debe este poder; por no mencionar lo planos que son los personajes; lo que no quita que la historia resulte simpaticona, se lea  de un tirón -predominan los diálogos que además fluyen bien, no en vano el autor es también guionista de televisión- y bueno, a veces el cuerpo te pide más que una historia, una historieta.

                Lo recomiendo para días de playa.

Patricia L.D.

domingo, 27 de enero de 2013

La mujer de sombra, de Luisgé Martín.

Luisgé Martín
Anagrama,  2012.
232  págs.
16,06 €. Versión Kindle: 13,29 €.

"Yo creo que la verdad es muchas veces perniciosa", La mujer de sombra.

"¿La verdad? Puede que no la soportaras", Abre los ojos.

Leyendo “La mujer de sombra” de Luisgé Martín (Madrid, 1962) me he acordado en varios momentos del cine de  Alfred Hitchcock.

            Primero: porque nos encontramos con un personaje, en este caso Eusebio, que lleva una vida bastante normal y de la noche a la mañana todo su mundo pega un giro. Entonces algo que es más fuerte que él le lleva a convertirse en una especie de detective, en un hombre que quiere saber a toda costa la verdad, aunque ésta sea insoportable. El giro empieza el día que su amigo Guillermo le cuenta que al margen de su matrimonio también mantiene una relación sadomasoquista con una mujer que se apoda Marcia. Cuando Guillermo muere, Eusebio sentirá la obligación de ir a darle la noticia a Marcia. Se enamora a primera vista e inicia una vida con ella. ¿Pero cuál es el problema? Que la mujer de la que se enamora, no tiene nada que ver con esa persona de la que le hablaba Guillermo. A él no le humilla, no le amordaza, no le pega, sólo recibe ternura y caricias. ¿Quién es Marcia/Julia? Ya tenemos los ingredientes para que se desencadene la historia –trepidante, vertiginosa –de una obsesión.

            Segundo: Eusebio pondrá todos los recursos que estén a su alcance para saber más de la ¿doble vida? de Julia. Chantajeará a un profesor para que le diga cómo acceder a la contraseña del ordenador de Julia, la espiará, chateará por páginas similares en las que Guillermo entraba y gracias a las cuales conoció a Marcia.  Ahí entablará trato con personas que también usan apodos, también se inclinan por el mundo de las perversiones sexuales, y también, si se las trata fuera del mundo virtual, parecen equilibradas, “normales”. Como el reportero y su novia de "La ventana indiscreta" que sin remilgos se saltarán las reglas que haga falta (espiar, allanamiento de morada, etc.)

            Tercero: la importancia de los dos nombres. Guillermo/Segismundo; Marcia/Julia; Nicole/Olivia. Cómo no recordar aquella dualidad en “Vértigo” de Madeleine/Judy. Y la obsesión del personaje interpretado por James Stewart (Scottie) por recuperar a Madeleine, de transformar si es necesario a Judy en la difunta Madeleine. En un momento concreto de "La mujer de sombra", parece que nos metemos en una escena de esta película o en el guiño que le hizo Amenábar en “Abre los ojos”:  P.106: “Al ver a Marcia, como si fuera un espíritu o una aparición angélica, sonríe: cierra de nuevo los ojos.” En “Abre los ojos” también encontrábamos el desdoblamiento  Sofía/Nuria; Apariencia/realidad.

Fotograma de "Vértigo" (1958), de Alfred Hitchcock.


Fotograma de "Abre los ojos"(1997), Alejandro Amenábar.


            Cuarto: el lector, como el espectador de las películas de Hitchcock, siente que está leyendo/viendo una parte tan privada de los otros que no tendría que estar ahí. Se siente un voyeur.

            Eusebio se meterá cada vez en un mundo más oscuro, de secretos, de querer saber qué ocultan las personas que le rodean, no sólo a los que va conociendo en chats, también personas con las que ya mantenía trato. Y sobre todo descubrirá a lo largo de esta búsqueda su lado perverso, su gusto por las aberraciones. Hasta que un día, hechizado, fascinado, cruzará el límite. ¿Hay vuelta atrás? También leyendo recordamos a Dorian Gray, al doctor Jekyll y Mr.Hyde, referencias mencionadas en el libro. “Piensa en Dorian Gray: se le ennegrece el alma, pero su rostro se conserva armonioso y puro.” (p.218); “Eusebio sabe ahora que la única felicidad posible es la que no se forja a costa de esconder los vicios. La felicidad del doctor Jekyll, que no mancha nunca su virtud con los actos abominables de mister Hyde. Olvidarlo todo para poder volver a perpetrarlo luego.” (p.225).


            Narrada en tercera persona, dividida en secuencias breves, con un estilo que atrapa desde el primer momento,  la novela se lee a un ritmo casi frenético, el mismo con el que recorre Eusebio el camino que ya no tiene posibilidad de recorrerse en sentido inverso. Y como en Hitchcock, suspense, tensión, los vericuetos psicológicos, algún McGuffin, y alguna que otra ventana indiscreta.
 
            p.173: “Ésa es la verdadera fascinación, el deslumbramiento: saber cómo se comportan a la luz del día los seres aberrantes, cómo se disfrazan. Ver la bondad de los vampiros y la ternura de los monstruos.”

Patricia L.D.



miércoles, 23 de enero de 2013

LA LUZ DIFÍCIL, de Tomás González.

 
TOMÁS GONZÁLEZ
La luz difícil
Alfaguara, 2012
136 páginas. 16,15 €
Entre las palabras y el silencio.


En “La luz difícil” de Tomás González (Medellín, Colombia, 1950) el narrador nos dice: el tiempo es materia elástica que depende de la alegría y la aflicción. Y precisamente “La luz difícil” es una historia que fluye a través de esa concepción del tiempo, y no por la otra más rígida que queda atrapada en un reloj de pulsera, o en uno gigante de alguna estación de tren. En esta historia todo fluye al ritmo del pulso vital de David, un hombre de setenta y ocho años que pondrá por escrito en una pila de folios sus memorias: tanto lo que le dio gozo, como lo que le consumió. Aunque la vista ya le falla y empieza a ver las formas del mundo onduladas y líquidas, guarda los momentos compartidos con su mujer, sus tres hijos, sus estudios sobre la luz, sus cuadros, su mirada, “todo eso, con todo detalle, aquí conmigo”. Y puesto que ya no puede pintar cuadros, pintará con palabras tintadas de mora la vida. Una vida, que como todas, no está exenta de dolor. En este caso, de mucho dolor, como es el tener que enfrentarse a la decisión de un hijo de no querer seguir viviendo. Y no porque no se tengan ganas de vivir, sino porque el dolor físico es insoportable, tanto que llega un momento en el que ya no se puede seguir describiendo con palabras: “<<indescriptible>> es la última palabra que se pronuncia antes de que se acaben todas las palabras y quede sólo la sordomuda brutalidad del hecho”.


            ¿Se puede describir ese otro dolor que sienten unos padres ante el sufrimiento de un hijo, la inminencia de la programada muerte, y la ausencia posterior? Tomás González en una entrevista que le hicieron con motivo de la presentación del libro, contestaba que se puede, pero si no es en el momento en el que transcurren los hechos. “En el presente, el sentimiento de dolor es tan grande que no permite expresión”. En este caso, las palabras, al igual que ocurre con el dolor físico intenso, son suplantadas por “la sordomuda brutalidad del hecho”. Y de ahí la elección de un personaje que cuente lo vivido desde muchos años después.


            En la literatura, como en la vida, no hay blanco y negro, todo es más complejo, y por eso leyendo “La luz difícil” descubrimos/sentimos que todo está más allá de los posibles debates que giren en torno a si uno está  a favor o en contra de la eutanasia. Es fácil opinar, incluso dar razonamientos complejos para inclinarse hacia un lado o hacia otro, pero un buen libro (y en este caso además muy bello, poético) es una bomba contra todas esas palabras. Cómo nos gusta enredarnos. También al narrador de esta historia antes de pasar por ese horror, era un hombre propenso a entretenerse en “telarañas brumosas” y “tristezas arbitrarias” pero cuando le golpea de frente y bien fuerte la vida, siente entonces que todo aquello tenía mucho de imaginario, de mero entretenimiento. Y qué importa entonces ya el reconocimiento ajeno por las obras, y tantas otras preocupaciones que ahora se presentan ridículamente ociosas.


            Me gusta la calidez y belleza con la que se cuenta esta historia, me gusta la placidez de la mirada de David, su vejez, esos ojos que empiezan a cerrarse a las formas que le rodean pero que sin embargo ha aprendido a ver de otra manera: “En la vida se mezclan los hechos grandes con los pequeños, y con el mucho paso del tiempo las perspectivas se pierden. Qué es lo pequeño, qué es lo grande, nadie sabe. Nadie sabe si hay cosas menos importantes que otras. Nadie sabe si las cosas tienen algún orden o son arbitrarias.”

Patricia L.D.


Esta entrada también se encuentra publicada en el blog colectivo ALQS2D, si quieres leer los comentarios: clic aquí

jueves, 17 de enero de 2013

LA CINTA BLANCA (MICHAEL HANEKE, 2009)






Título: La cinta blanca
Dirección: Michael Haneke.
País: Francia, Alemania, Austria
Año: 2009. Fecha de estreno: 15/01/2010
Duración: 145 min.
Género: Drama.
Reparto: Ulrich Tukur, Susanne Lothar, Josef Bierbichler, Burghart Klaußner, Marisa Growaldt, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Michael Schenk, Steffi Kühnert
Distribuidora: Golem Distribución
Productora: Les Films du Losange, X-Filme Creative Pool, Wega Film.


Puro Haneke: pero en blanco y negro.

Me cuesta imaginar a un espectador de “La cinta blanca” comiendo palomitas. Más: no me imagino a ningún espectador viendo una película de Michael Haneke comiendo nada, porque todas sus películas han terminado poniéndome mal cuerpo (especialmente las 2 “Funny Games”, “La pianista”, “Caché”, y la recién estrenada en nuestro país y nominada este año a 5 Oscars: “Amour”). Encontrar una sonrisa en su mundo nos ayudaría como asidero al que agarrarnos para coger aire y  seguir con el visionado, el “problema” es que en  pocas aparece esa sonrisa, aunque en “La cinta blanca” por lo menos vemos las que intercambian una pareja de enamorados. Precisamente la voz en off con la que arranca la película y que nos irá contando la historia que acontece en un pueblo del norte de Alemania, pertenece al enamorado –ya anciano –que tratará de dar cuenta de los extraños accidentes que tuvieron lugar y que serían el germen de algo de insospechado alcance: “Quizás así se aclaren los acontecimientos que ocurrieron en este país.” El film podría verse como una reflexión –con la que podremos estar de acuerdo o no –acerca  de los orígenes del nazismo.

            Los niños de este pueblo tienen las caras marchitas (como siempre, impresionante el trabajo que hace el director incluso con actores y actrices no profesionales). Desde muy pronto se les inculca que todo lo que se salga de la moral reinante será castigado con palos. Niños, que a su vez, pasarán de ser víctimas a convertirse en verdugos. Haneke: “Quería contar una historia en la que unos niños, elevaran a categoría de regla absoluta los ideales que les inculcaron sus padres. Ahora bien, si convertimos un ideal en regla absoluta, se vuelve inhumano, es en cierta manera, la raíz de toda forma de terrorismo”.

             La elección de rodar la película en blanco y negro no es baladí (¿lo es algo en este director tan perfeccionista?) ya que Haneke lo asocia a la memoria/recuerdos tanto individuales como colectivos. Subrayar la brillante fotografía. Podríamos robar muchos momentos y enmarcarlos como cuadros. Unos cuadros en los que si estuviésemos dentro nos sentiríamos, eso sí, como el pájaro enjaulado del Pastor, o como sus hijos, carentes de nada que se aproxime al libre albedrío, a la capacidad de elegir. Parece que aquí  sólo hay una opción: la crueldad.

            Al director austriaco se le ha puesto la etiqueta de pesimista, no obstante, yo le veo como el narrador de “La cinta blanca”, en el sentido que si esa voz en off quiere dar cuenta de algo es porque confía que al contarlo podría revelarnos una forma de conocimiento que nos serviría quizá para comprender un poco más la condición humana, aunque lo que nos muestre no nos resulte  agradable. Frente a esa etiqueta de pesimista, el propio director dice: “Para mí pesimistas son lo que hacen películas para atontar a la gente. Piensan que no vale la pena hablar de cosas de verdad. Hace falta cinismo para sacarle el dinero a la gente y hacer un cine balsámico. Eso sí que es pesimismo.”

            No sólo recomiendo “La cinta blanca”, sino todo el cine de este director. Toda su obra forma un conjunto coherente con su apuesta por diseccionar las enfermedades de nuestra sociedad. Pero eviten verlas comiendo. Palomitas o lo que sea.

Patricia L.D.   
     Nota. Premios destacados: Palma de Oro en el Festival de Cannes; Premios del Cine Europeo (Película, director, guión); Globo de Oro a la mejor película extranjera.

martes, 15 de enero de 2013

UN TIPO SERIO (JOEL COEN & ETHAN COEN, 2009).


Título: Un tipo serio.
Dirección: Joel Coen & Ethan Coen.
 Año: 2009. Fecha de estreno: 08/01/2010
País: Francia, El Reino Unido, Estados Unidos
Duración: 105 min. Género: Drama, Comedia.
Reparto: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Aaron Wolff, Jessica McManus, Peter Breitmayer, Brent Braunschweig, David Kang, Benjy Portnoe.
Distribuidora: Universal Pictures.
Productora: Working Title Films, Studio Canal, Mike Zoss Productions, Relativity Media.

Por fin Job rompió el silencio, y maldijo el día en que había nacido.

CUANDO LAS FÓRMULAS NO TIENEN LAS RESPUESTAS.

            Con “Un tipo serio” los hermanos Coen vuelven la mirada hacia su infancia y a través de los recuerdos se sirven, ayudados por su equipo habitual, para reconstruir la comunidad judía dentro de la que crecieron en una ciudad del  Medio Oeste.

             La película nos lleva a un lugar anónimo, año 1967, en la que “el tipo serio” del título es Larry, un profesor judío de Física (los padres de los Coen también eran profesores) que a pesar de estar rodeado todo el día de fórmulas, sin embargo descubrirá que éstas no le ayudan a comprender lo que sucede a su alrededor: Y de comprender va esta historia, de dar un sentido a una vida que de la noche a la mañana se derrumba, aunque como espectadores intuimos que este tipo serio ha debido estar enfrascado en sus abstracciones, dejando desatendido todo lo que está al margen de su mundo científico y sin fisuras. Hasta que abre un día los ojos. ¿Y qué ve? Que su mujer le pide el divorcio. Que sus hijos pasan olímpicamente de él. Su hermano está instalado en su casa, absorto en un mapa de probabilidades del universo que lleva por título “El mentaculus”, y si fuera poco, dentro de las cuatro paredes del colegio en el que trabaja, tiene que soportar el chantaje de un alumno y unas notas anónimas que no dicen nada a su favor, pudiendo echar por tierra la plaza a la que aspira. ¿Se acuerdan de Wilt, el personaje creado por el escritor Tom Sharpe?

  Es entonces cuando empezará a hacerse preguntas, con el inconveniente de no encontrar respuestas ni en ese estupendo Rabino que recuerda al mismísimo Gandalf sacado de “El señor de los anillos”, ni en ninguno de los supuestos sabios que conocen al dedillo las Sagradas Escrituras. Sus pilares, la religión y las fórmulas matemáticas, no parecen servirle ahora de mucho. Y se lamentará: “¿Qué significa eso? Resulta que nada es como yo pensaba”.

            Si como repite Larry en más de una ocasión, todas las acciones tienen sus consecuencias, siendo  acordes con lo que se hizo, entonces si has sido un hombre bueno, deberías recibir cosas buenas, pero del mismo modo que su hijo ve las imágenes de los programas de la TV distorsionadas por las interferencias, el tipo serio también ve que su realidad no es como él desearía, y que el destino interfiere para que todo le vaya mal. Como le dice un rabino: “Así es la vida. No todo lo que hace el jefe tiene que gustarte”.

            Y así, efectivamente, es la vida. No todo sale como uno quisiera y por eso esta película de un tipo corriente y moliente, con problemas que cualquiera puede tener, nos resulta tan cercana. Los Coen nos vuelven a entregar una película que sin estar exenta de ese humor al que nos tienen acostumbrados, nos invita a reflexionar acerca del sentido de la vida, de nuestras acciones y creencias. Se trata de una tragicomedia atípica, como atípicas suelen ser algunas de las historias que nos ha dejado este dúo más dinámico que ninguno: “Arizona baby”,  “O brother” o  “El gran Lebowski”.

            Un acierto la elección del protagonista, Michael Stuhlbarg (le veremos en breve en “Lincoln” y en “Hitchcock”) un actor que teniendo una gran trayectoria y reconocimiento en el teatro y la televisión, sin embargo no es conocido por la mayoría del público, dando una mayor verosimilitud a la historia: podría ser el vecino de al lado. Excelente su interpretación. La recreación de la época  así como las costumbres de los judíos (estupendo el cuento narrado en yiddish que sirve de introducción, al margen de la historia principal, así como la ceremonia del bar mitzvah[1]) nos meten en  una historia que gustará a los seguidores de los Coen y a aquellos espectadores que disfrutan de películas que sin apenas argumento ni alardes de ningún tipo, parecen atender a  nuestras dudas cotidianas.  

Mazel tov[2]

Patricia L.D.



[1] Ceremonia celebrada en una sinagoga con la que se admite a un chico de trece años como adulto en la comunidad judía.

[2] Buena suerte o enhorabuena.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Mis 10 películas favoritas ESTRENADAS en el 2012.

1. Cosmópolis, de David Cronenberg.
2. Shame, de Steve McQueen.
3. En la casa, de François Ozon.
4. Take Shelter, de Jeff Nichols.
5. Declaración de guerra, de Valèrie Donzelli.
6. Las malas hierbas, de Alain Resnais.
7. Martha Marcy May Marlene, de Sean Durkin.
8. Young Adult, de Jason Reitman.
9. Killing them softly, de Andrew Dominik.
10. Moneyball:Rompiendo las reglas, de Bennett Miller.

Patricia L.D.

LAS 10 DEL 2012.

De las lecturas de este año, mis favoritas han sido:

1. Una habitación propia, de Virginia Woolf.
2. Umbral o el contradiós, de Emilio Arnao.
3. El ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys.
4. Los enamoramientos, de Javier Marías.
5. En la pausa, de Diego Meret.
6. Con Borges, de Alberto Manguel.
7. Curso de filosofía en seis horas y cuarto, de Witold Gombrowicz.
8. Kubrick y la filosofía, de José Manuel Campillo Ortega.
9. Almas grises, de Philippe Claudel.
10. Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell.

 Patricia L.D.

sábado, 15 de diciembre de 2012

La piedra de la paciencia, de Atiq Rahimi



ATIQ RAHIMI
La piedra de la paciencia
Traducción de Elena García-Aranda
Punto de Lectura S.L, Madrid, 2010.
112 páginas. 7,99 euros.
               “En algún lugar de Afganistán, o en cualquier otro lugar”
 
Atiq Rahimi nació en Kabul en 1962. En 1984, se vio obligado por la guerra a refugiarse en Pakistán, recibiendo más tarde asilo político en Francia. Su primera novela “Tierra y cenizas” fue un éxito de ventas tanto en Europa como en Sudamérica. Se encargó de su adaptación al cine, y obtuvo múltiples premios internacionales. En el 2008  recibió el premio Goncourt  por “La piedra de la paciencia”. Un libro, que quizá por la experiencia del escritor en el cine, resulta muy cinematográfico. Y con una película vamos a empezar este post, aunque no de Atiq Rahimi, sino de Won Kar-Wai.        

            En la película “Deseando amar”, un personaje nos cuenta que antiguamente si alguien tenía un secreto que no quería compartir con nadie, lo que hacía era subir a una montaña en busca de un árbol. Una vez encontrado, elegía un agujero y susurraba el secreto. Al terminar, lo cubría con barro y lo dejaba ahí para siempre.

            En “La piedra de la paciencia” no aparecen árboles, pero sí una mujer en una habitación pequeña que necesita contar muchos secretos, todos aquellos que durante años se ha visto obligada a callar. Similar a la historia del agujero en el árbol, en esta novela nos encontramos con el siguiente mito: existe una piedra sagrada, una piedra negra, que sirve de ayuda a los desventurados, pudiendo verter en ella todo su dolor que finalmente es absorbido. A la mujer –no sabemos su nombre –le valdrá de piedra negra “su hombre”, que está en esa misma habitación postrado, herido por una bala, casi sin vida. Justo cuando él se ha convertido en un cuerpo completamente vacío, ella tendrá, por primera vez, la oportunidad de poder hablar. Seguramente los lectores se acordarán de Carmen Sotillo, el personaje de “Cinco horas con Mario”, de Miguel Delibes.

            A través de su monólogo seremos testigos primero de sus plegarias y más tarde del sufrimiento, sus deseos, su rabia; descubriremos las entrañas de una mujer, madre de dos hijas, que quiere de una vez por todas liberarse del yugo que sufre en el presente, así como el padecido en el pasado. Entrelazándose con su monólogo, un narrador en tercera persona se hará eco de todo lo que interfiere en el discurrir de las palabras de la mujer: los disparos, los llantos, la voz del mulá llamando a la oración, el ruido de los guerreros.

            Con una prosa en la que no sobra ni falta nada, sin alardes, bella, poética por momentos, Atiq Rahimi nos cuenta en esta novela breve, una historia que nos atrapa, que nos interpela, y finalmente nos explota, como toda piedra sagrada, toda “sangue sabur” termina haciéndolo. A diferencia de todo lo que se guarda en los árboles y que se queda ahí para siempre.
  Patricia L.D.


domingo, 18 de noviembre de 2012

El hijo de Gutenberg, de Borja Delclaux.


El hijo de Gutenberg
Autor: Borja Delclaux
Lengua de trapo
224 págs.
17,50 €


Entrar en El hijo de Gutenberg es entrar en una singular historia de amistad entre un administrador de fincas urbanas y un contable que desde el momento que se  encuentran fuera de sus trabajos consiguen construir otra dimensión en sus vidas. Una dimensión más allá de su rutina diaria, pero a la vez, muy pegada a ella. Y así, la experiencia que tiene Vargas a la hora de lidiar con un montón de vecinos, vendrá como anillo al dedo  para conseguir que un grupo de excéntricos se reúna una noche a celebrar la muerte del dadaísmo -¡viva dadá!- una comunidad que pasará del espacio virtual al real, y que cantarán a lo singular, lo excepcional, lo defectuoso, lo que no es lo que parece, lo que muta, lo que se derrite.

Y es que en esta historia todo se transforma. La ventana del taller de imprenta en el que Vargas pasa unas horas para engrasar y limpiar la linotipia  de su padre –Víctor Vargas –dejará de ser un escaparate para convertirse en una pantalla de cine de la que él será la cámara privilegiada; y Bruno nos contará la historia de cómo sus viejas zapatillas de pana llegaron a convertirse en un invernadero: Vivía tan intensamente la vida interior de las zapatillas que de alguna forma los cambios tenían su reflejo en mi propia vida interior, como si hubiera una extraña compenetración entre el estado de las zapatillas y mi propio estado mental. Una especie de entendimiento, una química interior.  De ahí a convertirse en experto en pantuflas sólo tendrá que dar un paso. O dos. Con un pie y con el otro: esos pies con calcetines desparejados, de distinto color. Bruno, con su miedo de niño a los maniquíes y su nostalgia de los zapatos de charol con los que hizo la comunión: nostalgia no de la infancia perdida ni del tiempo pasado ni del sentimiento religioso: pura y dura nostalgia del charol.

En el taller de imprenta conoceremos también al señor y la señora Berg, artefactos construidos gracias a las piezas que el padre de Vargas reciclaba y recogía previamente con su carrito de supermercado. Construida también esta pareja con las piezas que se iban estropeando de La verdadera señora Berg, que no es otra que la linotipia mencionada líneas más arriba: Su relación con esta máquina llegó a ser tan personal que se comunicaba con ella como si fuera un animal o incluso una persona: durante muchos años la llamó Edelmira.

Linotipias que se llaman Edelmira, zapatillas que sacadas de su contexto –y como si de una obra de Marcel Duchamp se tratara –pasan a ser un invernadero, y que alejadas de su uso habitual, también tendrán algo que decirnos respecto a su nueva situación. Sí, nos sorprenderemos con un diálogo entre zapatillas; perros que se preocupan de sus dueños y guau guau, consiguen decirnos unas cuantas palabras. Ahora todo parece posible. Ahora todo es  posible. Hasta llegar a encontrar un sentido: De pronto cada cosa está en su lugar exacto; de pronto todo tiene sentido: tú tienes sentido y el mundo tiene sentido; de pronto te sientes protagonista de tu propia vida, dueño de tu propio destino, compañero del azar.

Esta es una historia de cosas, una historia de nuestra relación con ellas, pero sobre todo es la historia de una amistad y de un conjunto de experiencias artísticas vividas por personas por lo general ajenas al mundo artístico: como reza la exposición Anonimarte que también aparece en este libro.

            Les invito a entrar en este libro. En él late un corazón, quizá compuesto de tuercas y tornillos, pero un corazón que se siente y funciona al ritmo del otro.

Ahora más que nunca necesitamos el espíritu dadá. (…) Ahora que todos se han puesto tan serios, tan graves, tan encantados de conocerse a sí mismo que apenas ven otra cosa que su propio ombligo. Están enfermos de gravedad. Necesitamos a dadá. Que los artistas se queden en los museos. Devolvamos el arte a la calle.

Patricia L.

Sobre el autor, extraído de la página de Lengua de trapo: Borja Delclaux nace en Bilbao en 1958 y se establece en Madrid desde mediados de los ochenta. Falleció en abril del 2006, mientras concluía el proceso editorial del presente libro. En 1995 se publicó en Lengua de Trapo su obra Picatostes y otros testos, segundo título de la Colección Nueva Biblioteca y I Premio Lengua de Trapo de Narrativa. Es, por eso, autor fundacional de esta casa: en su escritura desacralizadora y juguetona, en la línea del primer Vila-Matas o de Monterroso, se resume a la perfección el espíritu de la editorial.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Wilt, de Tom Sharpe.

El problema no ha sido Henry Wilt, el personaje creado por Tom Sharpe que además de formar parte de esta historia titulada Wilt, también lo hizo en Las tribulaciones de Wilt, Ánimo Wilt, Wilt no se aclara, y por si no tuviésemos suficiente Wilt, otro más: La herencia de Wilt. El problema tampoco ha sido su esposa Eva, mujer hiperactiva, excesiva en todo y adicta a cientos de cursos: cerámica, baile oriental, judo, meditación trascendental, etc., etc.

            Tampoco los pensamientos de Wilt acerca de cómo matarla, de imaginarse  una vida sin ella después de doce años de matrimonio; ni su falta de decisión, ni sus diez años de profesor auxiliar en la Escuela de Artes y Oficios. Tampoco su existencia anodina, su aburrimiento, su deprimente rutina. ¿Quizá Judy, la mujer de plástico hinchada a mayor presión de lo normal? No. Ni la fiesta en una casa del vecindario, ni la vecina con cerebro de cacahuete y cientos de pájaros revoloteando en su cabeza, ni los obreros que se encuentran a la muñeca hinchable asesinada en su obra. ¿Pero acaso se puede asesinar a un trozo de plástico? Y es aquí, en este momento, cuando también  entra en juego la policía y sus pesquisas, tan poco acertadas ellas;  y una mitad –Wilt –se quedará ahí, entre los cotilleos y tejemanejes de la Escuela, la comisaría, el ajetreo en las obras con la pobre muñeca Judy enterrada en hormigón, sometido a un sinfín de interrogatorios, mientras la otra mitad –Eva –muerta aparentemente, presencia fantasmal para algún que otro cura, tomará un barco con una pareja que la deslumbrará al principio hasta que finalmente escape espantada de los dos: Sally, a quien le gusta la Terapia Táctil y Gaskell, que se divierte con juegos y juguetes infantiles.

            Y según vamos leyendo, iremos pasando de un enredo a otro. Y seguramente al final, el señor Wilt saque algo de esto. Y seguramente la señora Wilt también. ¿Pero qué sacamos nosotros, los lectores? Como mucho, pasar un rato un poco divertido. Más allá, y este sí es el problema: NADA.

            Me acordé de la película Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie, 2007). Por si les gustan las historias con mujeres de plástico hinchadas a mayor presión de lo normal. Ahí si encuentro a personajes de verdad, aunque uno sea de plástico.

Patricia L.

Nota: sería injusto no decir que con quince o dieciséis años Wilt sí me pareció entretenido y me arrancó más de una sonrisa. Supongo que mis gustos han ido cambiando y pido a una historia más que una sucesión de enredos; o sencillamente, que este libro no aguanta bien una relectura.

Este post aparece publicado en el blog colectivo ALQS2D. Para leer los comentarios, puedes dirigirte aquí