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domingo, 15 de septiembre de 2013

CURSO VERANO UIMP / SIN NOTICIAS DE GURB, de Eduardo Mendoza.


Hoy voy a colgar una lista elaborada por el escritor Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943). Del 12 al 16 de agosto tuve la oportunidad de asistir al curso que impartió en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander (Palacio de la Magdalena) titulado Los libros que hay que leer. Eduardo Mendoza es divertido cuando escribe y es divertido como conferenciante. Era verano, hacía calor, y el ambiente estaba lleno de sonrisas. Allá va la lista:

La Biblia.
La Abadía de Northanger, de Jane Austen.
Memorias de la casa muerta, de Dostoyevsky.
La busca, de Baroja.
Si esto es un hombre, de Primo Levi.
El Quijote, de Cervantes.
Guerra y paz, de Tolstoy.
Anales, de Cornelio Tácito.
Edipo Rey, de Sófocles.
El sur, de Borges.
Las desventuras del joven Werther, de Goethe.
La vida es sueño, de Calderón de la Barca.
Hamlet, de Shakespeare.
La metamorfosis, de Kafka.
Divina Comedia, de Dante.
Cándido, de Voltaire.
Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos.
Moby Dick, de Melville.
La isla misteriosa, de Julio Verne.
El sueño eterno, de Raymond Chandler.
El hombre del traje marrón, de Agatha Christie.
Pedro Páramo, de Juan Rulfo.
Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
Todo se desmorona, de Chinua Achebe.
Libro de la almohada, de Sei Shonagon.
En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

Eduardo Mendoza no recomendó ninguno de sus libros (en más de una ocasión nos dijo que si se sentía orgulloso de algo era de su trabajo como traductor) pero V. hace mucho me comentó que se lo había pasado pipa leyendo Sin noticias de Gurb. A. y A., dos compañeros del curso me regalaron por mi cumple el libro, y en pocos días lo devoré. En el año 1990 apareció Sin noticas de Gurb publicado por entregas en el periódico El País y un año después salió a la luz como libro.

            Eduardo Mendoza no comprende el gran éxito del libro, pero el caso es que mi ejemplar es la 44ª impresión. ¿Qué entenderán los que leen el libro –traducido – y no tienen las referencias necesarias como para saber quién es la cantante Marta Sánchez ni lo que representaba en aquella época? Se pregunta. El caso es que como me dijo V. te lo pasas muy bien siguiendo la pista de Gurb. Porque Gurb apenas aparece en el libro, ha desaparecido, y  junto a uno de sus compañeros alienígenas tendremos que emprender la tarea de encontrarle en la Barcelona preolímpica. Gurb se ha transformado en Marta Sánchez, y no sabemos dónde carajo está.

            Novela breve escrita en forma de diario, está dividida en quince capítulos (desde los días 9 hasta el 24). El diario lo va escribiendo ese extraterrestre compañero de Gurb, y en él anotará unas cuantas veces la frase que da título del libro: Sin noticias de Gurb. Hasta que de con él conocerá a varias personas, nuestras costumbres, nuestra sociedad, paseará por esa Barcelona llena de socavones.

            Hace ya días que lo leí y cada vez que pienso en él me sale una sonrisa y  me viene a la cabeza la canción de los bolígrafos Bic pero con Gurb.

Gurb naranja escribe fino
Gurb cristal escribe normal
Gurb naranja, Gurb cristal
Dos escrituras a elegir
Gurb, Gurb, Gurb, Gurb, Gurb


Cuando leo a Mendoza tengo presente la distinción que hacía Bryce Echenique entre el humor cervantino y el humor quevedesco: el primero está ligado a lo sonriente, lo tierno, lo irónico, mientras el segundo es más sarcástico y cruel. Sin duda Eduardo Mendoza,  tanto como escritor como conferenciante se decanta por el primero.


Patricia L.D.

Nota 1: Obviamente la lista se quedó corta pero sólo teníamos cinco días, y entre conferencia y conferencia también fueron saliendo otros libros. Lo que me gusta de Eduardo Mendoza es que sabe desviarse del programa y perderse si es necesario. No obstante, el programa lo vimos entero.
Nota 2: “Sin noticias de Gurb” es un libro que mandan leer a los adolescentes, suele gustarles mucho. 


domingo, 4 de marzo de 2012

El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza

Esta vez, el libro que nos han propuesto para comentar en el Club de Lectura es El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza. Un libro que ya leí hace años en el Instituto: era una de las lecturas obligatorias. De la lectura de aquellos días sólo recordaba que había un caso que debía ser resuelto y que consistía en algo relacionado con unas niñas desaparecidas, pero sobre todo recordaba las risas de mi amiga M.L. que  un día se acercó  para decirme ¿has leído la parte de la butifarra? Y no paraba de reírse. Es curioso cómo muchas veces recordamos más que el contenido del libro las circunstancias que envolvieron esa lectura. Así que en esta relectura, quería llegar  al momento butifarra. Quería volver a leer las páginas que tantas sonrisas sacaron a M.L. Llegué a pensar mientras releía que la memoria me estaba jugando una mala pasada, porque EL MOMENTO BUTIFARRA se hizo  esperar. Llega en el capítulo XVI, titulado  El corredor de las cien puertas. No me extraña que M.L. se divirtiese tanto con ese capítulo, es muy gracioso, pero todo el libro está repleto de humor. 
Siento debilidad por esos escritores que en un momento dado nos dicen que se lo pasaron pipa escribiendo un libro. No sé si guarda alguna  relación  el que ellos se divirtiesen tanto con que el lector también disfrute de lo lindo con la lectura… Pero en este libro coinciden las dos. Dice Eduardo Mendoza que quiso escribir lo primero que le pasara por la cabeza, por pura diversión. Nunca más he vuelto a escribir con tanta despreocupación ni con tanto placer ni con tanto aprovechamiento de las horas. Cuando garrapateaba la primera frase, no sabía cuál iba a ser la segunda. Yo mismo me sorprendía de las cosas que le iban ocurriendo (y más aún de las que se le iban ocurriendo) a un personaje del que nada sabía, salvo lo que él mismo contaba, pero con el que me sentía perfectamente identificado. Nunca le puse nombre. Dejé que él mismo inventara sus imposturas.   
La historia que creó su autor en siete días está emparentada con nuestra mejor tradición, y es que leyendo El misterio de la cripta embrujada es imposible no pensar en nuestro más querido hidalgo; inevitable no pensar en El Quijote. Leyendo las aventuras y desventuras del personaje sin nombre de Mendoza, tenemos en cuenta lo que nos dice Bryce Echenique sobre el humor cervantino, ese humor que está ligado a lo sonriente, lo tierno, lo irónico, en contraposición al humor quevedesco más sarcástico, cruel. No, la historia de Mendoza cae del lado del humor cervantino que nos permite descubrir una comunidad de los hombres en el dolor, esperanza liberadora y, a la vez, suprema alegría de vivir. Y es que el personaje de Mendoza, a pesar de todas sus miserias, no deja de ennoblecerlas con sus acciones y sus reflexiones. Ahí hay un corazoncillo. Que se mira, y que sabe mirar.
La semana pasada me regaló mi tío C. el Quijote que leía y releía mi abuelo. Un Quijote contenido en cuatro tomos pequeños. Cómo disfrutaba mi abuelo con el hidalgo.
Despido este post con algunas de las últimas líneas del libro de Mendoza:

(...) y que no acaba el mundo porque una cosa no salga del todo bien, y que ya habría otras oportunidades de demostrar mi cordura y que, si no las había, yo sabría buscarlas.
P.L.
Nota: V. me recomendó de Mendoza, Sin noticas de Gurb. Y L. me ha dicho que si me ha gustado El misterio de la cripta embrujada también me gustará El laberinto de las aceitunas.