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Antonio Ródenas con Juan Haro modelando su busto. Hacia 1983
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Llevo unos días jugando a los detectives. J., me dijo que la historia podría dar lugar a una novela o, en su defecto, un caso para el teniente Colombo. Descarté lo de la novela, pero no la investigación. El caso es el siguiente: un día fui a la Manuel Andújar y me puse a mirar en la sección de Biografías. Vi el Diario de Anaís Nïn, las cartas de Van Gogh a su hermano Theo, la biografía de Maria Antonieta escrita por Stefan Zweig, una biografía de Dalí escrita por no sé quién, y unas cuantas más, y aunque todas eran apetecibles, me fijé en un libro que tenía más de la mitad de su tapa de color azul quedando el resto de color negro. (Entonces me vino a la cabeza un cuaderno azul, el cuaderno azul que se compraba el protagonista de la novela La noche del Oráculo, de Paul Auster. Después de leer ese libro me encapriché de un cuaderno azul. Del mismo modo, que después de ver Notting Hill, quería vivir en una casita con la puerta azul. Ahora tengo un cuaderno azul, pero la puerta de mi casa no lo es.) Y después de este largo paréntesis, sigamos con el caso para el teniente Colombo.
Cogí aquel libro, titulado DIARIO GRIS 1966-1981 de un tal Antonio Ródenas García-Nieto. Lo saqué sin saber qué me llevaba en el bolso, y sin tener ni idea de quién era ARG-N. Llegué a casa y empecé a leer. Y continué leyendo. Y lo leí en el pueblo de arriba. Y lo leí en el pueblo de abajo. Y disfrutaba mucho de las anotaciones que hacía este Antonio acerca de libros y autores, acerca de pintores, de sus dudas existenciales, de sus miedos, de sus proyectos, de su fracaso, de sus palabras, de su vida, de su pensamiento, de su Obra en proceso, de su ser cambiante y escurridizo, tan escurridizo, que a pesar de estar en contacto con el cuerpo y alma de este señor, yo seguía preguntándome, ¿pero quién es/era él? Obviamente, como todo buen detective de nuestro tiempo busqué en Google. Escribí el nombre y apellidos y ¡gran sorpresa!, sólo aparecía alguna página para poder comprar sus libros y páginas que mencionaban La Fundación Antonio Ródenas García-Nieto. Nada más. Ni un solo artículo. Nada, absolutamente nada. ¡Ni en la Wikipedia ! Nada que me pudiese orientar, que me diese datos acerca de este hombre, de este escritor que yo leía con tanto interés. Me sentía como una exploradora que hubiese encontrado nuevas tierras.
Escribí a J. y a L. para preguntarles si sabían algo, si les sonaba el nombre. No. Pregunté en el trabajo. Tiene apellidos de Notario. Era como si este escritor no hubiese existido; como si se tratase de una invención de Jorge Luis Borges, la invención de un personaje, un escritor, con su Diario, con su proyecto de Obra, pero al fin y al cabo, sólo un personaje. Una broma genial.
Así que llamé a la Fundación. Una tarde me saltó el contestador. Y a la tarde siguiente, cuando lo volví a intentar, me atendió el Gerente: un señor muy amable que pareció no molestarse por mi curiosidad. Incluso me invitó a hacer más preguntas en futuros días. ARG-N murió en 1997, y hasta después de su muerte no quería que su obra se publicase. El 10 de abril de 1981 anota en el Diario gris: Mi vida y mi obra sólo pueden cobrar auténtico significado y valor específico tras mi muerte. La Fundación se ha encargado de ir publicando la obra de Ródenas García-Nieto, pero ¿cómo la ha dado a conocer? Pues enviando a las bibliotecas algunos de los libros. Me dijo que si tenían el Diario gris, tenían que tener también el resto de libros.
Bajé a la biblioteca, y pregunté. La bibliotecaria me dijo que le sonaba hasta la carta que les enviaron los de la Fundación el día que los recibieron. Y sí, me confirmó que los libros están repartidos entre la Manuel Andújar y la Pedro Antonio de Alarcón: DIARIO GRIS 1966-1969; Pintores y pintura; Escritores y escritura; y Diario de la novela. Esta última obra constituye La Obra, su gran obra, a la que hace mención en el Diario, pero sin dar muchos detalles, más bien, casi ninguno. Anota el 27 de febrero de 1987: (…) ¿Y para esto vivimos? No, y mil veces no. Precisamente porque la vida lleva incrustada en su potencia la inexorabilidad de la muerte, algunos seres luchamos por salvar <<algo>> del naufragio, ya que ese algo nos resume, nos rescata y nos explica. Pero por encima de todo, porque ese <<algo>> nos contiene. Y en él nos vemos. Entiendo que esa obra, El Diario de la novela, guarda en sus hojas ese <<algo>> que Antonio Ródenas García-Nieto era, ese <<algo>> que está contenido en tres volúmenes, y que se trata de su autobiografía. Quiero empezar su lectura, quiero saber quién era Antonio Ródenas García-Nieto, y me hace ilusión dar voz en las próximas vacaciones de Semana Santa -en tierras de Cantabria- a este hombre que tanto deseaba permanecer.
15 de febrero de 1980 : Más exactamente, ¿qué fe se me <<permite>> todavía? La única posible, la única viable es la fe en la tarea de reconstruirme, de organizar el despliegue de mi testimonio. Tanta introspección, tanto infortunio, tanto sufrimiento, tanta búsqueda, tanto extravío y tanta exaltación, tanta lucidez esclarecedora, tanta decepción como respuesta a los más frenéticos anhelos de dicha, embriaguez y delirio vital, no pueden quedar así, corroídos, en los trasfondos de la conciencia, de tal manera que pudieran darse por no vividos, como inexistentes. Rescatarlos, vertebrarlos de forma que su relieve se <<haga>> y me ofrezca unas certidumbres con todo aquello que me <<deshizo>>. A esto llamaba yo en otras épocas, realizarme. (…)
15 de febrero de 1980 : Más exactamente, ¿qué fe se me <<permite>> todavía? La única posible, la única viable es la fe en la tarea de reconstruirme, de organizar el despliegue de mi testimonio. Tanta introspección, tanto infortunio, tanto sufrimiento, tanta búsqueda, tanto extravío y tanta exaltación, tanta lucidez esclarecedora, tanta decepción como respuesta a los más frenéticos anhelos de dicha, embriaguez y delirio vital, no pueden quedar así, corroídos, en los trasfondos de la conciencia, de tal manera que pudieran darse por no vividos, como inexistentes. Rescatarlos, vertebrarlos de forma que su relieve se <<haga>> y me ofrezca unas certidumbres con todo aquello que me <<deshizo>>. A esto llamaba yo en otras épocas, realizarme. (…)
Algo tangible, algo palpable que nos susurre al oído la engañosa convicción de que al cesar de respirar, al menos, no moriremos del todo.
Ya tengo el primer volumen de los tres. Y espero ir recogiendo más pistas… hasta ir dando forma, como hizo el escultor Juan Haro, al escritor Antonio Ródenas García-Nieto.
P.L.